La vista desde mi ventana

Del diario me asomo por mi ventana por no más de cinco minutos, ya casi en el ocaso, hasta parece que el sol y yo nos ponemos de acuerdo para que él se vaya metiendo mientras yo me voy asomando, de modo que, para cuando dejo de espiar pareciera que el mundo visible ante mis ojos cambia por completo.

Me gusta hacerlo, me deja analizar muchísimas cosas y además me da materia prima para mi oficio como escritor. Algo que últimamente he notado es la incursión de nuevos chavitos a los partidos de fut que se llevan a cabo en mi colonia casi todos los días, justo frente a mi ventana. Esos chavitos están ahora influenciados por el abundante léxico que manejas los adultos y los de mi edad, me los imagino cantando la chilanga banda: “pachucos cholos y chundos, chichiflas y malafachas”. No me pongo fresa al criticarlos, de hecho alguna vez fui parte de esos grupitos, fueron buenos tiempos, digo, yo era el cacha zapes, el (según ellos) niño de mami y quien sabe que tanto más, pero el amor al deporte nacional por excelencia hacía de esas tardes momentos muy agradables, cuantos años no pasaron ya… Me alejé de ellos, creo que hice bien, hasta la fecha no me imagino sentado junto a ellos en las escaleras de los edificios rayados compartiendo el pomo que le transaron a sus papás o los tabacos que compran en tiendas clandestinas después de la reta, porque sí, ya no es reta de a “chesco”, ahora es de a “chela”. Nomas no me veo así.

Mi pregunta es, ¿no se cansan de hacer lo mismo tarde tras tarde?, sobre todo los adultos, calculo que llevan más de la mitad de su vida jugando. Seguramente jugaron junto a varios de su edad que crecieron y optaron por otro camiuno que el de jugar todos los días, de alguna manera criaron a los de mi generación (y por poco yo termino junto a ellos) y ahora lo hacen con los chavitos. ¿Qué sentirán al nunca trabajar y convivir mayoritariamente con gente menor a ellos? , seguro bien “chido”, ellos fungen como los dueños del barrio. Cuando no están jugando esos adultos se dividen en dos grupos, unos se la pasan recargados sobre autos que ni suyos son  y comienzan a platicar de temas súper relevantes, ya saben, de mujeres y sus grandes hazañas, tales como retar al de otra colonia a un tiro o haber experimentado una nueva droga, cosas que seguro ni hacen pero bueno, hay que apantallar; mientras, sus mamás en casa preparan la comida y en sus mentes andan diciéndose: ay tan chulo m’hijito.

El otro grupo se viste con camisas de la moda que ellos conocen, la más común que he visto últimamente es una como la que usó el chapo en la foto que se difundió con Sean Penn, pantalones amarillos, rojos o cualquier otro color muy “mírame a fuerza”, gafas que son más que para el adorno y kilos de gel en el cabello. Uno se pregunta, ¿quién carajo les hace caso?, sorpresa; siempre andan de la mano con alguien, claro que no es la más bonita, pero, ellos se sienten lo máximo.

En fin, hay gente que no cambia, gente enamorada de su zona de confort.

Hoy tuve una visión, vi a los de mi edad, los que juegan del diario, teniendo hijos en cinco años, viviendo de arrimados o teniendo a sus mujeres de arrimadas y alternando su vida entre medio trabajar y súper jugar, ya verán como el tiempo me dará la razón.

Pienso que algún día el fútbol se volverá elemental para la aceptación social, al menos en ciertas zonas.

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