A Brenda Rendón
Tú cabello suelto al aire, tu mirada hacia el cielo; parecías feliz pero, ¿de qué?
Comenzaste a despojarte de tu ropa hasta quedar completamente desnuda. Permitiste que el aire caliente acariciara tu suave cuerpo, que palpara tus pequeños senos y robara el frágil aroma de tu sexo. Retrocediste un par de pasos para luego correr hacía el final del precipicio y lanzarte a volar. Cerraste los ojos, te dejaste guiar por la dirección del viento y cada cierto tiempo salían de ti pequeños suspiros, sí, definitivamente estabas feliz.
Después, desciendes lentamente y tocas tierra, cubres tu cuerpo semimaduro de la mirada carnal, parpadeas dos veces…
Abro los ojos, parpadeo dos veces.
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