Esto no es un texto de autosuperación

Qué tal amigos. De ahora en adelante, lunes de percepción, ¿les gusta como suena? 🙂


Estoy en un café, hace calor así que me pedí un té helado. A mi lado está el libro en turno de este mes, un compendio de narraciones y los movimientos a los que cada uno pertenece, pensaba recomendarlo en el blog pero ya se agotó el tiraje y no existe alguna versión PDF, así que ni modo.  Del otro lado se halla un cenicero.

Existen dos lugares donde no me siento único en eso de escribir, el primero es en el taller de redacción al que asisto cada viernes y el segundo lugar es aquí. De las trece mesas que están en la terraza, siete están ocupadas, de estas siete, en cuatro hay una persona que escribe, yo soy el quinto.  Ellos están con su laptop o su IPad; changos: soy el único que lo hace a lápiz y papel…

Seguro el de camisa azul escribe una novela, se ve porque a su derecha, en una nota, tiene una lista de nombres, no alcanzo a distinguir más allá del primero: Karlos, sí, con K. Por cierto, ¿ustedes nunca se han preguntado por qué Carlos se escribe con C y Karla con K?, claro, también existen Carlas, con C, pero lo común es que sea con K. Eso no importa.

La de la derecha escribe un cuento, lo sé porque junto a su lap hay una antología de cuentos de Cortázar, los demás quien sabe que escriban. Y bueno, yo escribo sobre lo que veo, pobres, ya son personajes de mi percepción…

Hace rato escribía un cuento que le dedicaré a dos amigas, Cesia y Miriam, ¡tienen una de anécdotas que no escribirlas sería tonto!, ojala lo termine antes de que el año lo haga, estoy saturadísimo de trabajo. Tengo que redactar 4 cuentos, diría Borges: limar asperezas (aunque en mi caso es reconstruirlos en su totalidad), aún soy malo en mis cuentos, el sueño de ser escritor es voluble, a veces parece que lo lograré y otras que no llegaré ni al primer libro.

Con respecto a esta percepción, realmente no estoy seguro de que es lo que estoy escribiendo en este momento, mi pluma no tiene dirección hoy.

Una de las que escribía ya se va, se fumó 7 cigarros (conté las colillas en su cenicero).

Ah, no, olvídenlo, dejó la cajetilla a un lado del cenicero, creo que se fumó más de siete.

Eso no importa.

Es bueno sentarse un rato a disfrutar, en cuanto salga de aquí me toparé con esa gente que siempre lleva prisa para todo. Chales.

Lo peor es que ya falta menos para que me vuelva adulto, para que asuma responsabilidades y le dé una dirección a mi vida (aja), y me pregunto: ¿qué yo seré igual a todos esos que van con prisa?, cansados, chocados, con urgencia de que el trabajo acabe pronto, de llegar a casa, comer y dormir.

La principal razón de porque me quiero volver escritor, es por, claro, lo mucho que me gusta contar historias a través de la palabra escrita, pero otra gran razón es porque quiero ser como todos los que yo admiro: quiero romper protocolos, renunciar a mi trabajo para escribir, estudiar sobre lo que me interesa, criticar lo que no me parece, ser irreverente. Pero, ¿por qué no todos, hagamos lo que hagamos, somos así?

Igual y no tan radical pero creo que hay que buscar caminos que nos hagan disfrutar más lo que nos gusta. Lo que sea. ¿Han visto “Malcom el de en medio”?, ¿Recuerdan cuando Malcom le dice a su maestro, el que es un genio amargado, que tenía razón, el sistema no se puede destruir pero si se puede averiar, sí lo recuerdan? Pues creo que hay que buscar romperlo a nuestro favor.

Porque con esas caras de prisa, hasta parece que tenemos prisa por morirnos pronto.

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