José Emilio Pacheco: Gracias

“Vi la muerte por todas partes: en los pedazos de animales a punto de convertirse en tortas y tacos entre la cebolla, los tomates, la lechuga, el queso, la crema, los frijoles, el guacamole, los chiles jalapeños. Animales vivos como los árboles que acababan de talarle a Insurgentes. Vi la muerte en los refrescos: Mission Orange, Spur, Ferroquina. En los cigarros: Belmont, Gratos, Elegantes, Casinos.”

Las batallas en el desierto.

El 25 de enero de 2014 JEP, como firmaba sus primeras colaboraciones en diversos suplementos, terminó de escribir su columna dedicada al entonces recién desaparecido Juan Gelman. Fue en su estudio, rodeado de tantos libros, en donde perdió el equilibrio. Esa caída sería la causa de su muerte, al día siguiente.

Una semana después, Cristina Pacheco, su esposa, publicaría en su columna semanal, Mar de Historias, el relato “El eterno viajero”, dedicado a él.

El pasado 26 se cumplieron 3 años de aquel triste domingo, y durante todo el día me llené de alegría al encontrarme con diversos textos dedicados a él y a sus letras. Elena Poniatowska, por ejemplo, publicó en la Revista de UNMA un artículo dedicado a él. Además fue TT en twitter y diversas páginas en Facebook compartieron citas de sus libros.

Quizá ya no está su presencia, pero existen muchas formas de estar vivo, y sé que JEP vive intensamente en los libros que nos dejó, vive, cuando al abrir un ejemplar leemos: “Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?”, vive, cuando analizamos verso por verso sus múltiples poemas. Vive, porque sus cuentos han trascendido la ficción; él relató alguna vez que en un viaje en taxi el chofer le contó una historia que creía real: trataba de un niño que es robado por alguien extraño en el bosque de Chapultepec, hace muchos años, qué curioso, ¿no?, se parece a su cuento Tenga para que se entretenga. Y en ese sentido nos regaló muchos relatos que bien pueden estar pasando en algún punto del mundo en este momento, ¿cuántas mujeres no han sentido envidia de una persona cercana?[1], ¿cuántas mujeres no están, en este momento, bebiendo té en algún café mientras escriben con tinta roja algo que resulta imposible saber qué es?[2]

JEP vive cuando cerramos alguno de sus libros, y asombrados lo compartimos con alguien más. Vive al buscar alguna de sus obras en la biblioteca, o comprarla en una librería.

Y vive porque fue un escritor sincero.

Se fue una parte del premio Cervantes 2009 el 26 de enero de hace tres años. Pero otra parte de él se quedó. Busquémoslo ahí.


[1] Trama principal del cuento “La Zarpa”.

[2] Personaje del cuento “Aqueronte”.

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