Día 22, Árboles

Somos cyborgs. Vivimos mutilandonos, cercenado nuestros dedos, nuestra piel y cabello, y parchándonos con cables de colores para qué parezcan un poco menos grotescos. Despreciamos ahora los grises, los ocre y más los verdes, entonces los colores metálicos, oscuros o con glitter son los predilectos.

También tememos a la oscuridad, ponemos gran parte de nuestras fuerzas en iluminar todo y, claro está, aprovechamos la ocasión para añadir colores: rojos, azules o amarillos comúnmente, aunque los morados y naranjas no se quedan fuera. Cada escultura, monumento o construcción está perfectamente iluminada por luces de colores que nacen desde el suelo. Por eso el cielo ya no tiene el protagonismo, hemos sido capaces de crear un mejor juego de luces, y si no es así por lo menos ya no existe objeto de comparación.

Algunas cosas se quedan a mitad del camino entre el pasado y el presente, con un pie en la antigüedad que nos es imposible mover, pero hacemos nuestro trabajo por lo menos parcialmente. Por ejemplo, la médula de nuestra columna vertebral siempre estará ahí pero podemos reemplazar un brazo débil por uno robótico con la fuerza de tres hombres, también los árboles se niegan a moverse, aún no encontramos como reemplazar su función, mientras tanto los llenamos con luces de colores.

Fotografía de Liseth Rojas

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