Dos poemas

Musa incoherente

Musa incoherente2He procurado traer un poco de esencia de lavanda bajo el bolsillo para ocultar mi olor a muerte, a decir verdad, no ha funcionado como esperaba.

Cada simple amante soñador que se cobija con mi regazo queda desquiciado. No estoy segura de si es por aquel mencionado detalle perceptible por el olfato, o por alguna desviación desde mis curvas hasta sus ojos.

¿Cómo saberlo? Cuando hueles a lavanda todos hablan de ello, cuando hueles a muerte el contacto se evita, como si fuese contagiosa la inclinación al crematorio. Entonces jamás te enteras.

He comenzado a pensar que por eso huelo a muerte, porque mis palabras aterrorizan y todo al que amo siempre se va. Pero cadetes, permítanme aclarar algo: no es un milagro que la vida apeste a muerte.


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Muy mal

Musa incoherenteMi cuerpo forma parte de una parte que no es nada.

Aconséjame, tírame, intenta matarme, aquí estoy, firme para recibir el golpe y flaquear un poco antes de caer de rodillas, rezar y beber su sangre en un cáliz ardiente.

Queman las ideas y el presente parece azul, rojo, tal vez tornasol. Todos cuidan que no toque las cuchillas y las entierre firmes al corazón.

Dulce muñeca, observa cómo me corto las venas y me vacío poco a poco. Mira la manera en la que el templo de Dios se derrumba, como sucedió con todos sus mártires. Cuida de su icor y bébelo antes de que trasmute a rosado.

3 comentarios en “Dos poemas

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