Desencuentro

Clarissa Calzadilla*

Podría jurar que esto no es más que otra coincidencia.

Solo estoy hablando de lo qué pasó aquel día en la biblioteca, estaba paseando casualmente, hojeando algunos libros y fue ahí donde te vi:

Eran los ojos más bonitos que en mi vida había visto.

No, no eras un desconocido, te había visto en algunas fiestas al cruzar la calle y en el autobús. Llevabas puesto un suéter rojo  y tu cabello chino lucia despeinado.

Quien sabe que libro habrás estado buscando, pero tu mirada se veía perdida ahí; en el lugar donde nacen todas las historias bonitas: tus libros.

No pude evitar quedarme absorta, ante tu mirada distraída, cuando de repente volteaste tus ojos hacia a mi.

Siempre adore el color de tus ojos color miel: un color tan bello.

Sin embargo, me sonreíste por un momento antes de despedirte haciendo un gesto con la mano derecha.

Te diste la vuelta, y yo…

Bueno, yo salí de ahí.

Camino a casa, pensaba en todas las veces que nos habíamos encontrado.

Cuando manteníamos pláticas casuales en el autobús o cuando de vez en cuando nos enviábamos un mensaje por nuestras redes: siempre tan rutinario.

Llegando a casa me quede sentada en la sala de terciopelo negra, sólo pensando. ¿Que sería de mi sin ti?

Es decir, apesar de no ser nada más o no ser algo que importe, el pensar un poco en tu ausencia me rompe un poquito.

Mi madre llamó a la puerta, me levante en dirección a ella mientras mi gato seguía mis pasos lentos.

“Una eternidad” expresó ella.


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Nos sentamos a la mesa un momento, me contó acerca de su día en el banco. Acerca de la larga espera y sobre lo cansada que estaba. Eran las 11:00 de la noche y como la ciudad siempre está despierta decidimos ir a dar un paseo.

Siempre adore el parque aquel donde ese día me encontraba.

Era bonito; lleno de flores y podías ver en el aire una singularidad de olores frescos, de comida de postres, perfumes ajenos…

Fuimos por un café.

La velada fue normal, nada mas maravillosos que pasar el tiempo con tu madre, sin embargo, hacia mucho frío, era de esperarse, en esta ciudad siempre es asi.

Pasaron 10 minutos de charla continua, acompañado de galletas y café, cuando por curiosidad decidí revisar mi celular.

Curioso: eran las 11:11. Dicen que a esa hora, ya sea en la mañana o en la noche, si cerrabas los ojos podías pedir un deseo.

Mi madre dejo de hablar, pues habla recibido una llamada, me detuve un momento a pensar ¿que era lo que mas deseaba?, pensamientos fugaces me invadieron: fama, dinero, ¿un corazón?…

Realmente la respuesta era obvia. Sólo quería a ese chico.

Con el Mobil en las manos, cerré los ojos y lo apreté entre ellas, deseando con todas mis fuerzas que se cumpliera mi deseo, pues en ese momento no quería nada, nada que fuera él.

Aprete mis párpados, y pude notar que algunas lagrimas, o mitades de ellas salieron por mis pupilas, tal vez producto de la fuerza, o tal vez sólo de despedida.

Me entristeció pensar que realmente no se cumpliría, pero al fin y al cabo ¿qué más da?

Al abrir mis ojos vi todo con un tenue color azul, mientras mi madre seguía hablando por teléfono. Yo… yo sólo miraba el mostrador al fondo, me puse a pensar si realmente pasaría algo.

Pues, aunque me cueste aceptarlo: me he enamorado de ti.

Esa es la peor parte.


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