Conviene Decir Que Se Está Rezando: 69 Lecciones de Eusebio Ruvalcaba Sobre la Acción y Efecto de Escribir |Fragmento

Eusebio Ruvalcaba (1951-2017) fue uno de los escritores más prolíficos de México. Entre sus libros destacan Un hilito de sangre, Desde la tersa noche, Todos tenemos pensamientos asesinos, Una cerveza de nombre derrota, entre otros. Este sitio le rinde una Edición Especial con motivo de reunir las palabras de varios de los escritores que más frecuentaron su obra y su persona. 
Conforme se publiquen los textos podrán consultarse los enlaces en Edición Espcecial Eusebio Ruvalcaba (clic).
Agradecemos la generosidad y el interés de los autores convocados.

Carlos Bortoni le concedió a la redación de este sitio un fragmento del libro Conviene Decir Que Se Está Rezando: 69 Lecciones de Eusebio Ruvalcaba Sobre la Acción y Efecto de Escribir. La recopilación corre a cargo de él.

El siguiente fragmento contiene la introducción, escrita por Carlos, y los primeros diez consejos. Agradecemos su generosidad por compartinos el texto.

El libro puede adquirirse adquirirse dando clic en la siguiente imagen:

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Portada del libro.

PALABRAS QUE SALPICARON SOBRE LA MESA

Eusebio era el último en hablar. Después de que cada uno de los asistentes hiciera un comentario sobre el texto leído… Ruvalcaba hablaba del texto en función del texto… cosa que podría parecer evidente pero no lo es. Lo que exigía a un texto nunca estaba fuera de las posibilidades… de las reglas que ese mismo texto había establecido. Más que coherencia discursiva… buscaba congruencia en lo escrito. No una congruencia vulgar. No. No tenía que ver con que el autor dijera lo que sentía o sintiera lo que decía. Nada de eso. La congruencia que perseguía Eusebio cuando hablaba de un texto estaba dentro del texto mismo… sin importar su autor.

Nunca… en las muchas sesiones de taller a las que asistí… lo escuché decir que un texto leído era una pérdida de tiempo… una porquería… un desperdicio de papel (a pesar de que algunos lo fueran). Sus palabras siempre eran de aliento para los escritores que frecuentamos su taller… sus talleres. No es que se tratara de un grupo de autoayuda que se reunía en aras de procurar la autoestima de los asistentes. No. El taller demandaba compromiso con los textos. Pero Ruvalcaba tenía la virtud de encontrar algo que valiera la pena en cada uno de los materiales que se presentaban: una sola línea era suficiente para que Eusebio celebrara el escrito en cuestión.

Lo peor que podía decirte era que tu texto se había desbordado… se te había salido de las manos o que nació frustrado. Sin embargo… incluso cuando decía eso… sugería al autor buscar otra forma de escribirlo… o rescatar algún fragmento valioso. Lo único que no toleraba era que el autor fuera complaciente con sus personajes… que no les exigiera todo lo que debía. Eso… y que alguien quisiera meterle mano a un texto ajeno… que opinara de más y sugiriera modificarlo fuera de la lógica misma de dicho texto. Cuando sucedía los paraba en seco… diciendo que eso sería hacer una historia diferente y no se trataba de ello.

Con frecuencia… las palabras de Eusebio salpicaban sobre la mesa y me golpeaban con fuerza en la cara. Esas palabras definieron lo que ahora entiendo debe ser la escritura: un camino en línea recta al fracaso. Cuando pude… recogí lo que Eusebio decía y lo anoté en una libreta. De ahí salen estas sesenta y nueve lecciones… de mis oídos… no del puño o la boca de Ruvalcaba. Es decir… él lo dijo… no hay duda de ello… pero lo que transcribí fueron palabras arrancadas de su contexto… palabras que conseguían sostenerse por sí mismas. Palabras que no se pensaron como máximas mínimas… mucho menos como aforismos.

No hice nada por editorializar estas sesenta y nueve lecciones. No metí más mano que la que inevitablemente mete el discípulo a lo que escucha y apunta… tampoco he buscado explicarlas ni ponerlas en contexto. Nada de eso… lo que sigue se presenta como lo recibí a lo largo de los más de dos años que tuve la fortuna de asistir al taller de Eusebio… la oportunidad de hacerme de un legado que no merecía y que ahora arrojo al vacío.

Carlos Bortoni Ciudad de México,  veintiuno de febrero de dos mil diecisiete


1.

Cada universo tiene sus propias reglas.

Uno puede jugar con ellas pero no romperlas.

2.

Mantener la balanza equilibrada.

No jalar las sábanas de un solo lado.

3.

El lugar común es como un vaso de agua:

bien trabajado, siempre refresca.

4.

Desarrollar demasiado a un personaje

puede ser pantanoso.

5.

La prueba de fuego de un cuento

es responder a la pregunta: ¿de qué se trata?

6.

El valor de un poema radica en que tenga poesía.

7.

Cuando la narración es hacia adentro
es cuando se crea una verdadera tensión narrativa.

8.

Sólo el autor puede encontrar solución a su texto.

9.

La extensión de un texto debe ser precisa.

Debe detenerse en el lugar justo

incluso cuando pudiera prolongarse.

10.

Durante todo el proceso de escritura no se puede

olvidar la lógica del universo que uno ha planteado.


Cortesía de Carlos Bortoni. Derechos reservados.

CC. Carlos Bortoni.

CC. Sindicato de Escritores Independientes, 2017.

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