Una novela marginal: Desde la tersa noche

Portada del libro. Tomada de la página de la editorial.

Cuando pienso en novelas marginales de inmediato viene a mi cabeza Chin chin el teporocho (1971), de Armando Ramírez. Particularmente me agradan estas novelas porque veo en ellas una forma de entender la realidad de mi país. Que cada cierto tiempo salga un libro magistral que tenga a personas tristes que deambulan en escenarios sucios, caóticos, venidos a menos, invisibles para los sectores de la población con mayores beneficios, no es más que la reafirmación de que nuestro país está plagado de lugares con un evidente rezago de todas las clases; la Ciudad de México es el ejemplo por antonomasia.

Probablemente Armando Ramírez marcó un precedente con su novela y el retrato que hace de las vecindades de Tepito. Siguiendo esta línea, Desde la tersa noche (1994) bien podría ser la obra que nos muestra la decadencia de la Ciudad de México en los años 90´s, en esta tenemos a prostitutas oprimidas por sus padrotes, alcohólicos que habitan construcciones abandonadas y un protagonista, Gabriel, que ha visto de cerca la muerte y el fracaso, y se conforma con alcoholizarse a diario y aceptar los huesos (trabajos temporales) como intérprete de violín. Algún día fue miembro de la sinfónica nacional y tuvo una victoria como corredor de autos; son dos recuerdos que se repiten constantemente en la memoria del protagonista, pareciera demostrar que un par de hazañas en realidad no significan nada.

Eusebio Ruvalcaba (1951-2017), con Desde la tersa noche suma un libro a una tradición literaria que haría falta analizar con más detalle, pues así como tenemos la novela de la revolución, o las que muestran la figura del poder en América Latina, y recientemente la novela del narco; así también tenemos muchos libros que bien podríamos analizar con el parámetro de lo que la marginalidad significa en la tradición mexicana. Y es que, ¿qué ciudad en México no tiene zonas lúgubres, sucias y con personas habitándolas? La novela Basura, de Sylvia Aguilar Zéleny, que se publicó recién en 2018, bien podría ser un ejemplo de dicho tema. También valdría la pena leer Ya no quiero ser mexicano, de Mauricio Bares, en donde en uno o dos relatos el protagonista habla de la marginalidad de Ámsterdam (a través de sus prostíbulos), pareciera que, a donde sea que alguien proveniente de un país tercermundista vaya, llevará consigo el concepto de lo marginal.

Desde que inicié la novela no he dejado de escuchar el concierto para violín de Brahms, esto no es decir mucho ya que devoré el libro, como siempre me ha ocurrido con todo lo que he leído de Eusebio Ruvalcaba. Justo ahora estoy escuchando la pieza. No sé si a Eusebio le gustaría la idea de mezclar música con el acto de escritura, pero sí que agradezco que en sus libros constantemente haya referencias a composiciones que, curioso como soy, inviten a escucharlas para que acaben por volverse mi soundtrack del libro. Así me ocurrió con Tokio Blues y aquella poco conocida canción de los Beatles que le da título al libro en su edición no traducida. En el caso de la novela de Eusebio, es el protagonista Gabriel quien se deleita y deleita a los demás con estas piezas, lo mismo en un cuarto sucio que en Bellas Artes, ese es quizá el poder del arte y la idea que Eusebio tiene de éste y refleja en la novela: no importa el contexto, no importa nada más que el arte en sí, el arte no es de élites, la prueba está en su compañera, Elena, quien es una prostituta e igual se deleita al escuchar las composiciones.

El mundo de Gabriel está poblado de Beatriz, quien no es más que un recuerdo; Elena, una prostituta que se enamora de Gabriel y él de ella; el Taiméx, un vagabundo; Doña Consuelo, la dueña de una fonda y el fantasma de sus padres.

La novela comienza narrando la vida de Gabriel, quien constantemente recuerda su pasado, sobre todo a Beatriz, hasta que, debido a un suceso que tiene que ver con Elena, decide asesinar a todos los padrotes que maltratan impíamente a las prostitutas. Si bien las cosas les salen bien al principio, conforme busca más presas se enfrenta a diferentes problemas.

La novela es una constante introspección en la vida de Gabriel a través de su presente y los recuerdos que este le genera. El capítulo final parece hecho para sacar lágrimas; su destino parece obvio y al mismo tiempo sorprende la forma en la que ocurren los últimos hechos, es ahí donde entra la maestría de Eusebio para narrar, pues Gabriel, pese a todo, parece obtener su catarsis, y eso lleva al lector a la catarsis propia, la que ocurre cuando se sigue a un personaje en cosas muy importantes.

La conjugación entre el presente y los recuerdos (la carta de su padre es clave para entenderla) de Gabriel, implica un viaje mental y por esto evoca constantemente. El último capítulo, además de ser el cierre, adquiere mucha importancia: Gabriel viaja en auto y no sabe hacia dónde va pero quiere seguir conduciendo, en eso se encuentra el resumen de su vida: no sabe qué hace con su vida pero la vive, y por eso, cuando se le presenta una oportunidad de resignificación (como lo es matar/cazar a los padrotes opresores) lo hace sin pensar en los riesgos.

Eusebio Ruvalcaba logra un escrutinio de la vida marginal de alguien en poco más de 100 páginas.


En 2013, la novela fue publicada en una edición especial por Nitro Press, contiene, además del texto, artículos sobre la novela y el autor.

Del 7 al 12 de febrero este sitio le rindió un homenaje en el que la editorial Nitro Press concedió el capítulo II de la novela, puede ser leído aquí (clic).


Desde la tersa noche, Eusebio Ruvalcaba. Edición conmemorativa, Nitro/Press, 2013, col. Punto de Quiebre; coed. UANL.

ISBN: 978-607-82-56-06-8

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