El misterio en la obra de Tolkien

Como secuela de El Hobbit, El Señor de los anillos fue publicada en 1954. En este libro, John Ronald Reuel Tolkien recupera varios temas de su ya antes iniciada mitología –incluyendo sus poemas y El Hobbit— para ahondar en ellos. Motivos como el legendario señor Durin, el pueblo de Moria, Sauron, la olvidada ciudad de Gondolin o algunos rasgos apenas tocados. En efecto, Tolkien veía al misterio dentro de su fantasía como un factor determinante. Los escenarios oscuros y desolados, las ruinas después de una guerra en edades pasadas, los mitos inacabables sobre bestias que servían a un ser oscuro que culminaban en canciones o poemas. Se servía muchas veces de la ambigüedad para que el lector pudiese dotar de significado su obra.

La historia de la Guerra del anillo no culmina para sí misma, sino que es un acontecimiento menor dentro de la escala del legendarium de Tolkien. La comunidad del anillo, conformada por Gandalf, Aragorn, Legolas, Boromir, Gimli y los cuatro hobbits Frodo, Sam, Merry y Pippin, se ve envuelta en diversas dificultades que sólo dimensionan el universo de la Tierra Media. Un ejemplo de ello es la presencia de un ser tan antiguo como enigmático: Tom Bombadil es un ser inclasificable de entre todas las razas de la Tierra Media, no es ni un genio, ni un mago, ni un humano, ni un hobbit. Este ser es inmune a los poderes malignos del anillo único, y siente un amor profundo por la naturaleza. En el prefacio del libro, Tolkien deja en claro su postura con respecto al tema de la alegorización:

 

Pero detesto cordialmente la alegoría en todas sus representaciones, y siempre me ha parecido así desde que me hice bastante viejo y cauteloso como para detectarlas. Prefiero la historia, auténtica o inventada, de variada aplicabilidad al pensamiento y la experiencia de los lectores. Pienso que muchos confunden aplicabilidad con alegoría; pero la primera reside en la libertad del lector, y la otra en un pretendido dominio del autor.

Prefacio de El señor de los anillos, en traducción de Luis Domènech. (Fragmento)


Por lo tanto, sería atrevido asegurar que encontramos en Bombadil una alegoría de la naturaleza misma, o de una energía superior, o quizá del Ser –en mayúsculas– que creó todo el universo de la Tierra Media a partir de su pensamiento (acontecimiento narrado en el libro el Silmarillion).


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Otro ejemplo de similar magnitud histórica es el del llamado Guardián del agua. La información sobre esta bestia es escasa, tan sólo dos o tres cuartillas, entre apéndices, un capítulo y una referencia extra en el Silmarillion. La bestia, oculta debajo del agua hedionda del lago frente a la puerta oeste de las minas de Moria, ataca a Frodo únicamente. ¿Por qué directamente a él? Frodo era el portador del anillo único, por lo que se asume que la bestia obedece al dueño original, Sauron. Lo único que podemos conocer de la bestia son sus tentáculos, y eso gracias a la descripción dentro del libro.

 

La extremidad provista de dedos había aferrado a Frodo y estaba llevándolo hacia el agua. Sam, de rodillas, lo atacaba a cuchilladas.

La comunidad del anillo, Capítulo 4: Un viaje en la oscuridad. (Fragmento)

 

El mago Gandalf afirma que hay criaturas más horribles y oscuras que los orcos en las profundidades del mundo. Cosa que luego es reafirmada por el mismo tras regresar de la muerte ocasionada por la batalla con el Balrog de Moria:

Abajo, más abajo que las más profundas moradas de los enanos, unas criaturas sin nombre roen el mundo. Ni siquiera Sauron las conoce. Son más viejas que él.

Las dos torres, Capítulo 5: El caballero blanco. (Fragmento)

 


CC by | imagen tomada de https://www.pinterest.es



Especulaciones al respecto dicen que la criatura no fue creada, sino que fue un espíritu benigno que se transformó gracias a la maldad del primer Señor oscuro, anterior a Sauron. Aunque esas afirmaciones quedan en inferencias. Todo gracias a la ambigüedad narrativa de esos detalles, en búsqueda de la interpretación del lector.

Alegorizar estos hechos es una tarea sencilla, sin embargo, más allá de esas etiquetas, queda la vida imitada. De la vida nacen los misterios, las incógnitas sin resolución aparente y que quizá nunca la tengan. Como Tolkien, muchos escritores buscan esa vida subterránea de las historias, porque nada es hermético. Lo que el autor esperaba era que nosotros estuviéramos frente a una historia de valentía, lucha, coraje. Una vida semejante a la nuestra, donde la dicotomía del bien y el mal parece homogénea. De ahí que sus técnicas funcionaran, porque los distintos significados que se le atribuyen a los misterios son de las cosas que más enriquecen la obra. Es la participación del lector en la historia lo más importante en la lectura de cualquier libro de J. R. R. Tolkien.

 

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