El rescate de la música mexicana: Catalina de Guisa

Kenia Guerra Valencia*

La primera vez que escuché una ópera tenía 12 años, fue Nabucco, de Giuseppe Verdi, que se transmitió en una estación de radio, y tuvieron que pasar 12 años más para tener la oportunidad de ver una función en vivo. En mi caso, es habitual escuchar este género dramático, tanto como para otras personas lo es ir al cine o hacer deporte, así que dicha afición, con el tiempo, no ha hecho sino incrementarse.

Asistí a Catalina de Guisa tanto por interés propio como por recomendación, pues el arquitecto Mauricio Trápaga, profesor de la Facultad de Arquitectura que fungió como diseñador de escenografía y vestuario en Catalina de Guisa, exhortó a la comunidad universitaria a verla. De esta forma mi sueño se materializó.

Aunque la experiencia de ir a la ópera no es comparable con escucharla o verla en una pantalla, existen hoy plataformas de streaming que la cuentan entre su catálogo, haciendo con ello mucho más fácil disfrutar de este arte, pues se lo coloca a un solo clic de distancia. Por otro lado, creo que al asociar las palabras México y ópera, los prejuicios aún se hacen presentes: hablar de ópera es hablar de Italia, de Francia, de países a los que vemos como un ideal cuando de cultura se trata, no de México. Sin embargo, el rescate y representación de Catalina de Guisa, después de 160 años, podría cambiar dicha situación.

Escena del primer acto de la función del 3 de mayo. Catalina de Guisa es interpretada por la soprano Diana Sabina Chávez y el Conde de San Megrino por el tenor Luis Yubeuk Pérez. Fotografía por Kenia Guerra

Se trata de la primera ópera mexicana. Compuesta por Cenobio Paniagua y estrenada en 1859, en un México ya independiente, la obra dejó de representarse. Afortunadamente, a más de un siglo de distancia, la obra vuelve a los escenarios gracias a los esfuerzos de la Universidad Nacional Autónoma de México y a los de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA), que con los apoyos que brinda a través del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT), hizo posible su reestreno.

Verónica Murúa, responsable del proyecto del montaje de Catalina… y profesora de la Facultad de Música, me explicó lo siguiente: “Fue un proyecto PAPIIT, aprobado como un proyecto de investigación y rescate, desde el principio se planteó trabajar con el CENIDIM, con la Facultad de Filosofía y Letras, con la Facultad de Arquitectura y la Facultad de Música. Es un trabajo que lleva de la mano a estudiantes, los maestros guías de cada facultad tienen un equipo de trabajo de estudiantes de las mismas facultades que están haciendo servicio social”. Así, la participación de los estudiantes constituye uno de los pilares fundamentales para que este proyecto se concretara; Murúa añade que algunos de ellos realizaron su servicio social, otros se titularon y algunos planean hacerlo con su participación en la obra.

El proceso de rescate fue arduo y nada sencillo, desde conseguir los manuscritos y editarlos digitalmente, hasta conformar de nuevo las partes orquestales. “Dos de los actos están perdidos de la parte orquestal, entonces se trabajó también con un equipo de compositores para que la reconstruyeran”, explicó la profesora; así, debido a que se cuenta sólo con las partituras para voz y piano de los dos primeros actos y con las del tercero, la orquestación de esas partes iniciales incluyó la participación de los alumnos de la Facultad de Música.

Teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM antes de la función el día 7 de mayo.  Fotografía por Victoria Sandoval.

Catalina de Guisa se estrenó en la UNAM, en el Foro José Luis Ibáñez del Anexo de la Facultad de Filosofía y Letras, y tuvo tres reposiciones en el Teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura. Verónica Murúa comenta sobre la estancia en este último recinto: “el arquitecto Mauricio Trápaga, junto con el equipo de tramoya e iluminación, nos han hecho sentir en casa, creo que ha sido un acierto estar aquí”. Tomando en cuenta que varios de los colaboradores pertenecen a estas facultades, dichos espacios constituyeron lugares adecuados para la representación de la obra, y aunque el Teatro Carlos Lazo no cuente con un foso orquestal y su capacidad sea reducida, hubo una buena recepción por parte del público. Además, como estudiante de arquitectura, considero que este espacio logró reunir no nada más a la comunidad universitaria, sino despertar interés por la ópera.

En arquitectura se nos enseña sobre el rescate del patrimonio cultural, enfocado en el patrimonio material, sin embargo, parte del patrimonio en México también es intangible; rescatar Catalina de Guisa es rescatar el patrimonio cultural del país, Cenobio Paniagua es el padre de la ópera en México. “Mi interés ha sido siempre rescatar la música mexicana” relata Verónica Murúa, quien además es soprano, “no es sino hasta que conozco a Áurea Maya que podemos hacer esta vinculación para poder rescatar esta obra tan importante. Yo soy soprano, mi interés mayor era rescatarla, poder tenerla y poder cantarla”. Es importante mencionar que Catalina de Guisa no es la única obra del compositor, ya que Cenobio Paniagua escribió también una obra para festejar el 5 mayo, Pietro d’Abano estrenada en 1863 y también perdida; aunque esta obra no tiene relación alguna con ese momento histórico, el trabajo de Paniagua como compositor alentó a muchos otros compositores mexicanos. “Hay una serie de factores por los cuales no se vuelve a tocar sino hasta ahora”, explicó Murúa sobre la desaparición de Catalina de Guisa de los escenarios.

Escena del tercer acto de la función del 7 de mayo. Catalina de Guisa es interpretada por la soprano Brenda Yanel García y el Conde de San Megrino por el tenor Jorge Rodriguez. Fotografía por Kenia Guerra

En los aspectos musicales, debe considerarse la influencia extranjera que recibió Paniagua para la composición de su obra, “el cajón donde se ciñe Paniagua es el belcanto italiano, con una gran factura musical, melódica, armónica, México estaba 100% inclinado a la ópera italiana.”, nos dice la soprano mexicana, “uno tiene que admirar la factura, la capacidad histriónica, musical de Paniagua, el manejo del libreto, siempre en este cariz del belcanto”. El público más familiarizado con la ópera es capaz de notar esta influencia con mayor claridad; las piezas para solistas, los duetos y el cuarteto con el cual cierra la obra en su tercer acto, dan prueba del gran manejo orquestal de Paniagua.

Además, la trama de Catalina… también está inmersa dentro esta etapa de la ópera italiana: la historia gira alrededor de Catalina de Cleves, esposa de Enrique, el duque de Guisa, quien además es jefe de la liga católica. Catalina es el interés amoroso de Guido, Conde de San Megrino, amor que es correspondido; sin embargo, Arturo, paje y primo de la duquesa, también está enamorado de ella. Los acontecimientos desembocan en un final trágico, tal y como ocurre con muchas de las obras belcantistas, pues todo este argumento de triángulos amorosos y amores no correspondidos aparece también en Norma de Bellini, en Lucia di Lammermoor de Donizetti, y el tema histórico nos remite a óperas como Maria Stuarda o Roberto Devereux, entre otras.

Escena del segundo acto de la función del 3 de mayo. La mezzosoprano Carla Edith Hernández, al centro, interpreta a Arturo, paje de la duquesa. Fotografía por Kenia Guerra

Un detalle que probablemente captó la atención de los espectadores que, como yo, acudieron a dos de las funciones, es el hecho de que Arturo, el paje de la condesa, haya sido representado por dos intérpretes, un barítono y una mezzosoprano. ¿Guiño a Mozart, a Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi, estrenada el mismo año que Catalina de Guisa, en cuyo elenco hay un paje, Óscar, interpretado por una soprano? Dentro de la ópera, se conoce como pants role cuando una mujer interpreta un papel masculino, por eso para la responsable y dirigente del proyecto, poner a una mezzosoprano en un rol masculino constituye un gran acierto. “Debido a que estoy haciendo mi tesis doctoral de Catalina de Guisa he encontrado muchos periódicos en la hemeroteca y en uno de ellos, se cuenta que el barítono estaba enfermo y que no pudo cantar, y el propio compositor autorizó la presencia de una mujer para cantar el rol de Arturo”.

En cuanto a la escenografía, se encuentra constituida por dos grandes ventanas góticas, simulando el castillo donde se ambienta la obra. A fin de dar mayor credibilidad a cada una de las escenas, por medio de la iluminación y de algunos elementos de utilería que estaban a disposición del elenco, se recrearon varios ambientes, entre ellos la galería donde transcurre el baile de máscaras del primer acto. Después se introdujeron varios muebles, como una banca, una silla y una mesa durante el segundo acto, y para el tercero, que se desarrolla en su mayor parte dentro de la habitación de la duquesa, aparece una cama. Para el público ajeno al proceso de producción de una ópera, puede resultar un tanto monótona la sencillez de esta escenografía, pero al tratarse de un proyecto académico apoyado con recursos de la universidad, el presupuesto es limitado, y aún con dichas limitaciones, estos pocos elementos fueron suficientes para recrear las escenas con gran facilidad.

Catalina de Guisa es una obra que, por su importancia, debería representarse no nada más en los grandes teatros de México, sino en los del extranjero. Bellas Artes podría presentarse como la primera opción, ahora que las representaciones han finalizado con éxito en la UNAM; la soprano a cargo del proyecto se refiere así a la posibilidad de presentarla en el recinto cultural más importante del país: “tendríamos que ver de qué manera se puede hacer un convenio, sentimos que la Universidad debe de estar siempre presente en este proyecto, porque es la institución que dio pie a todo este rescate…Creemos que es una ópera que tiene muchísimo valor musical, histórico, son muchas las razones por las que uno debería de tener a Cenobio Paniagua en el repertorio internacional.” Aunque también hay planes de representar la obra en Córdoba, Veracruz, la ciudad donde residen los herederos de Paniagua, quienes donaron el archivo del compositor al Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (CENIDIM).

Escena del tercer acto de la función del 3 de mayo. La Duquesa de Guisa al centro, por la soprano Diana Sabina Chávez y el Duque de Guisa, por el bajo Charles Oppenheim.  Fotografía por Kenia Guerra

Uno de los problemas que enfrenta México es el recorte presupuestal en el rubro de la cultura, además de la poca o nula publicidad de este tipo de eventos; lo anterior se suma a las ideas preconcebidas, pues se piensa, erróneamente, que las personas de clase alta son las únicas que pueden disfrutar la ópera. Esto no es así; la ópera necesita conocerse, entenderse, menciona Murúa en la entrevista, es necesaria su difusión desde los primeros niveles educativos, “si alguien no lo conoce no lo puede amar, cuando ves una película en el cine uno podría preguntarse, ¿y tú crees que los mexicanos les van a gustar películas en inglés con personajes que ni siquiera conocen? ¿Por qué surge esta fascinación por los mexicanos de ir al cine? Porque hay un gran despliegue de publicidad, porque hay un gran desarrollo de trailers donde hay muy buena música; se necesita difusión, pero se necesita también conocimiento, desarrollo, conocimiento en los niños, no importa de qué clase social sean”.


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La participación de los jóvenes también ocupa un papel fundamental dentro de este crecimiento, pues gran parte del elenco de Catalina de Guisa estuvo integrado por jóvenes estudiantes. La profesora Murúa comenta al respecto: “yo veo a muchos jóvenes con ese amor, con ese deseo y con esa necesidad de expresarse a través de la ópera”. Además, dado que en nuestro país se encuentran muchos músicos por rescatar, es importante que existan jóvenes interesados en conocer a los compositores mexicanos, “nos interesa dejar el granito de arena en cada uno de ellos, para que también vayan a los archivos, vayan a las bibliotecas, rescaten, conozcan a los compositores”.

Catalina de Guisa es un sueño materializado, presenciar la ópera y disfrutarla fue un sueño para mí, y ponerla en escena, cantarla, interpretarla, fue un sueño para quienes trabajaron con ahínco en el proyecto, pero también es el reflejo del talento nacional que existe. “Es importante que la gente conozca lo que hay en México, que no despreciemos lo que somos… Lo que tenemos que enseñarles a los jóvenes es amar lo que tenemos, mucho más allá; amar lo que somos. En ese amar lo que somos entrará el respeto y la búsqueda y el rescate por todo lo que tenemos”.

Agradecimientos del elenco del día 7 de mayo, en orden de aparición, la soprano Brenda Yanel García, el barítono Carlos Fernando Reynoso, el tenor Jorge Rodríguez y el bajo Charles Oppenheim. Fotografía por Kenia Guerra

* Kenia Guerra Valencia. Nacida en 1995, funge como estudiante de arquitectura del noveno semestre en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y como reportera honoraria para Korea.net desde mayo de 2019. Amante de la ópera, la literatura, los videojuegos y la cultura asiática.

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