Un cuerpo se contrarresta a otro en su caída libre: Los ingrávidos

Javier Guerrero*

¿Tú eres una fantasma?

No, los fantasmas no existen en Estados Unidos.

¿Qué vas a hacer con ese árbol seco?

Lo voy a llevar al doctor.

Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011). pp. 34.

Hay historias de fantasmas que convergen en algún punto en común con otros fantasmas. Esta es la situación principal en la que gira la historia de Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011); novela escrita por la mexicana Valeria Luiselli, autora de otras obras como Papeles falsos (Sexto Piso, 2010), La historia de mis dientes (Sexto Piso, 2013) y Los niños perdidos (Sexto Piso, 2016); éste último la hizo acreedora del American Book Award 2018.

Ambientada entre un México moderno y la primera década de un New York de 1900, es la historia de dos personajes superpuestos entre sí, uno sobre el otro: una editora mexicana que, en su juventud, dedicó el tiempo a dar a conocer la obra de Gilberto Owen en Estados Unidos y sumarle la misma importancia que a los escritores incluidos en el llamado boom latinoamericano y, a su vez, la historia de un Owen rememorando su paso por dicho territorio norteamericano como Embajador de México en el consulado estadounidense.

Ambos protagonistas comparten características particulares: matrimonios en decadencia, encuentros sexuales pasajeros, hijos en crecimiento con los rasgos esenciales de la inocencia, gatos y empleos sin un futuro prometedor que los llevan a un presente sombrío donde el resultado final es el de volverse fantasmas que pasan inadvertidos frente a las calles y edificios de las grandes ciudades, asimismo, el papel del mexicano frente a una cultura desconocida lista para ser explorada.

Por una parte, hay una secuencia de entidades fantasmagóricas desfilando entre las páginas como si de un árbol genealógico se tratara. Owen alucinado con la presencia de Ezra Pound y la editora con la de Owen. Por otro lado, los personajes que giran en torno a los protagonistas sirven para reafirmar el ambiente donde éstos han de desarrollarse. El caso más recurrente es la amistad entre Owen y Federico García Lorca:

Terminamos teniendo tan poco de qué hablar que Federico decidió invitar a otro poeta a la tertulia para que después pudiéramos criticarlo. En realidad, fue así como empezamos a ser muy amigos. Para eso siempre hemos sido buenos los hispanos. El español es una lengua que se presta para la criticonería y por eso somos malos críticos y buenos enemigos de nuestros amigos.

Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011). pp. 91.

Además, son fundamentales las referencias implementadas por Luiselli para formar la ideología de sus personajes, tales como Emily Dickinson y la filosofía analítica.

Sin embargo, el punto esencial viene en el momento en que las líneas, que por tanto tiempo estuvieron habitando paralelamente, de la mujer y Owen se ven encontradas en instantes y que los obligará a emprender una búsqueda entre los vagones del metro neoyorkino como apariciones fantasmales. Es a partir de aquí que cada uno encontrará (indirectamente) un lugar en la vida del otro por medio de objetos y situaciones entrelazadas para descubrir que, al final, uno es el fantasma del otro; como líneas perpendiculares situadas en temporalidades y espacios semejantes pero vistos desde sus propias perspectivas.

Es de importancia resaltar el papel que juega la narrativa epistolar, pues la mensajería entre Gilberto Owen con Salvador Novo y Xavier Villaurrutia es la puerta por la cual se puede conocer la íntima relación que existió entre el grupo de Los Contemporáneos impulsado por Antonieta Rivas Mercado en México.

Una novela donde las situaciones y escenarios de sus personajes se alternan entre sí. Uno existe mientras el otro se vuelve un ser invisible y así sucesivamente durante las casi ciento cincuenta páginas, asemejando así la estructura implementada por Juan Rulfo en Pedro Páramo (Fondo de Cultura Económica, 1959). Revela, además, el principio y fin de las cosas: la vida y la muerte pero, más allá de eso, el hecho de que a partir de la muerte, puede nacer algo nuevo, algo desconocido; la polarización siempre presente entre la vejez y la juventud.

Personajes solitarios, tristes y en su propia decadencia viviendo sobre escenarios de la misma índole que gozan, en cierta manera, de momentos de un humor sencillo. Personajes sin peso, elevados a su plano existencial y que van en una caída libre hacia lo desconocido contrarrestado con la caída de otro cuerpo: ingrávidos.

El relato se nutre bajo la noción del límite del ser humano convertido en un recuerdo dentro la memoria de otro ser humano; en un fantasma viviente que ha concluido su paso por la historia del otro.

Valeria Luiselli es, pues, un punto clave para la literatura hispanoamericana que busca abrirse camino en el mundo de la literatura universal. Su sentido narrativo es lo que la coloca al lado de sus contemporáneos y de escritores anteriores a ella. Es una escritora que pertenece a la nueva generación de escritoras contemporáneas como Fernanda Melchor y Sofía Segovia.

Los ingrávidos se reduce a ser una novela de fantasmas vivos sobre otros fantasmas vivos escrita para fantasmas vivos.

¿De qué es tu libro, mamá?, me pregunta el mediano.

Es una novela de fantasmas.

¿Y da miedo?

No, pero da un poco de tristeza.

¿Por qué? ¿Porque están muertos?

No, no están muertos.

Entonces no son fantasmas.

No, no son fantasmas.

Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011). pp. 23.

*Javier Guerrero (Morelia, Michoacán). Estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Ha participado en diversos encuentros de poesía y ha colaborado en revistas y antologías de carácter literario.

Instagram: @javierguerrerox

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