Sapo | Bestiario

EL PRIMER DOSSIER DE 2020 ES UN COMPILADO DE TEXTOS QUE EN CONJUNTO FORMAN UN BESTIARIO. SE TRATA DE TRABAJOS QUE OSCILAN ENTRE LO ACADÉMICO Y LO LITERARIO: RECOPILAN LA VISIÓN POPULAR PLASMADA EN PAPEL SOBRE CIERTOS ANIMALES EN DIFERENTES PERIODOS Y ESPACIOS, SON, AL MISMO TIEMPO, ATISBOS A DIFERENTES CULTURAS A PARTIR DE ALGO TAN COTIDIANO COMO UN ANIMAL.

Ximena González Jácome

Desde las fuentes literarias más antiguas se encuentran descripciones de animales fieros, pasivos y bestias mitológicas. Gracias a estas se tiene idea de la función que podían tener dichas criaturas dentro del imaginario de todo un pueblo, que se remonta a épocas anteriores a la escritura.

En forma de lo que hoy conocemos como fábulas y cuentos populares es posible apreciar ciertas características, como comportamientos relacionados con juicios de valor que poseen cierta función didáctica, para reflejar el debido quehacer de los individuos en determinado grupo social y sus consecuencias. Ejemplos de lo anterior pueden ser obras como Calila y Dimna y El Conde Lucanor, donde los personajes animales poseen características humanas como el habla, y se organizan dentro de las jerarquías sociales propias de las sociedades humanas. Aunque ejemplos más claros están en obras posteriores de cuentos populares y tradicionales escritos o reunidos por personajes como Ítalo Calvino o los hermanos Grimm.

 Los animales pueden ser reyes, reinas y príncipes o trabajar el campo, para de esta manera enseñar por medio de los artificios de la palabra las actitudes aprobadas y rechazadas de los hombres y las mujeres.

El presente trabajo mostrará algunas de las características atribuidas comúnmente al sapo, que parece estar siempre relacionado a los maleficios, especialmente por medio de lo que podría ser el tópico de la transfiguración.

Transfiguraciones

Dentro del ámbito popular es muy común la transfiguración de los hombres y las mujeres en animales, esto debido a castigos impuestos por comportamientos y actitudes reprochables. Un ejemplo se puede encontrar en un pequeño cuento llamado “Rosendito, los leones y el sapo”, que se encuentra en un impreso popular, digitalizado en la página web Impresos Populares Iberoamericanos.

CC(by) pixabay.com | Evolución de un sapo

En el cuento Rosendito es un niño de trece años que le dice a su padre que quiere ir a recorrer el mundo, y lo hace en compañía del sirviente de su padre. En su viaje se topan con una ciudad extraña, pues es habitada por leones, y, para evitar ser devorados después de hacerlos enojar, terminan huyendo. Se encuentran entonces con un sapo en una laguna:

Como flechas escaparon de aquella ciudad y siguieron caminando. Al pasar por una laguna vieron un horrible sapo que les pidió por [c]aridad lo llevasen consigo porque allí [p]asaba muchos trabajos. Resistiéronse [l]os viajeros desde luego, pero el sapo [l]es rogó tanto que por fin accedieron [m]ás con bastante asco y repugnancia. [L]legó la noche, tomaron una posada y [e]l sapo quiso dormir junto a Rosendito, [e]ste se opuso pero luego le dió lástima [y] consintió en ello. Al otro día al le[v]antarse, vieron con gran asombro que [l]o que tenían delante no era un sapo [s]ino un bellísimo niño de doce años el [c]ual le dij[o:]─Gracias te doy por ha[b]erme dejado dormir en tu compañía [pu]es sólo así pude desencantarme. Hoy vamos a la ciudad de los leones que también están encantados […] El encanto, le explicaron: provino de que eran muy afectos á matar a los forasteros, que un brujo los convirtió en leones y al otro niño en sapo, porque tenía la costumbre de ahogar a todos los que se bañaban con él.

“Rosendito, los leones y el sapo”

Es común que cuando recuperan su forma humana resultan ser personas bellas, por lo que seguramente el peso del castigo es convertirse en ese opuesto feo: el sapo.

Aunque también es posible encontrar ejemplos de estos opuestos a la inversa, es decir, que los sapos, al ser criaturas horrendas, si son transformadas en humanos resulten ser personas bellas. Un ejemplo de esto se encuentra en uno de los cuentos populares recopilados por los hermanos Grimm llamado “Las tres plumas” en el que un rey viejo impone a sus tres hijos diversos encargos de objetos preciosos para así determinar quién se convertirá en rey a su muerte. Es el hijo mas joven y callado a quien apodan “El Lelo”, quien consigue siempre los objetos más hermosos con un viejo sapo gordo, pero, ante la inconformidad de los otros hermanos, el rey pide un último requerimiento, que es el de traer a la doncella más bella del reino para que gobierne a su lado; una vez más el joven príncipe acude al sapo gordo:

Nuevamente bajó “El lelo” las escaleras, en busca del grueso sapo y le dijo:

─ Ahora tengo que llevar al palacio a la doncella más hermosa del mundo.

─ ¡Caramba! –replicó el sapo–. ¡La doncella más hermosa! No la tengo a mano, pero te la proporcionaré.

Y le dio una zanahoria vaciada, de la que tiraban, como caballos, seis ratoncillos. Preguntóle “El lelo”, con tristeza:

─ ¿Y qué hago yo con esto?

Y le respondió el sapo:

─ Haz montar en ella a uno de mis sapos pequeños.

Cogiendo el mozo al azar uno de los del círculo, lo instaló en la zanahoria amarilla. Mas apenas estuvo en ella, transformóse en una bellísima doncella; la zanahoria, en carroza, y los seis ratoncitos, en caballos. Dio un beso a la muchacha, puso en marcha los corceles y dirigióse al encuentro del Rey.

“Las tres plumas”, los hermanos Grimm

Otros maleficios

Además de ser formas de castigo, los sapos también pueden bendecir o maldecir. En el cuento “Rosina en el horno”, escrito por Ítalo Calvino, se halla una historia parecida a la conocida Cenicienta, en la que una niña (Rosenda), huérfana de madre, es perjudicada por su madrastra y su hermana debido a la envidia de ésta última por la belleza de ella, pero que siempre es auxiliada por animales y así evita su castigo. Esto cambia el día que se encuentra con unos pequeños sapos:

Agarró el nabo para arrancarlo, tiró y tiró, y finalmente lo sacó de raíz y dejó al descubierto un nido de sapos con cinco sapitos chiquitos chiquitos.

― ¡Uy, qué lindos! –dijo Rosina, y se los puso en el regazo, haciéndoles muchos mimos; pero uno se cayó al suelo y se rompió una patita–. ¡Oh, perdóname, sapito, no lo hice a propósito! –le dijo–.

Los cuatro sapitos que había acunado en su falda, viéndola tan gentil, le dijeron:

― Linda muchacha, tú eres muy gentil y queremos recompensarte. Que te conviertas en la más bella del mundo y resplandezcas como el sol, aun cuando esté nublado. Y así sea.

Pero el que se había caído gruñó:

― Yo no la encuentro tan gentil. ¡Por su culpa me he roto la pata, podría prestar más atención! Que apenas vea un rayo de sol se transforme en serpiente, y que nunca pueda volver a convertirse en mujer si no entra en un horno caliente.

Rosina en el horno, Ítalo Calvino.

Otros imaginarios

CC(by) pixabay.com | Sapo

En otras culturas, como las pertenecientes a América, los sapos también eran relacionados con los maleficios, pero eran también malos augurios. Bernardino de Sahagún hace fe de esto en su Historia General de la Nueva España, aunque no es propiamente ningún relato, es citado aquí como muestra del significado de los sapos en la cosmovisión mesoamericana:

porque tal fama habia, que las hormigas que se criaban en casa, eran significación de lo arriba dicho, ó que ios envidiosos ó malévolos los echaban dentro de casa por mal querencia, ó por hacer mal á los moradores deseándoles enfermedad o muerte, ó pobreza, ó desasosiego. Esto mismo se sentía si alguno en su casa hallaba ó veía alguna rana ó sapo en las paredes ó en el tlapanco, ó entre los maderos de la casa también. Teman entendido que las tales ranas las echaban dentro de casa los malévolos y envidiosos, por mal querencia.

Historia General de la Nueva España, Fray Bernardino de Sahagún.

Por último, en la actualidad se puede encontrar la aparición de los sapos en prácticas popularmente conocidas como brujería, como parte de algún tipo de hechizo de forma física y también enunciando su nombre en las oraciones que los acompañan. Un ejemplo se encuentra en la Revista de Literaturas Populares en un artículo escrito por Araceli Campos sobre su investigación en estas prácticas:

A menudo, esos textos tienen un instructivo que indica cómo han de usarse. Por ejemplo, para la “Oración del sapo”, cuyo propósito es hacer un maleficio, se requiere uno de esos animales al que se le deben coser los ojos con hilo y aguja. Esta acción es el castigo que simbólicamente se pretende infligir a la víctima del hechizo. Una vez que se recita la oración, se debe descoser al pobre animalito y ponerlo en un lugar fresco. […]

Cójase un sapo de regular tamaño y cósale los ojos de adentro hacia fuera, procurando que le queden las puntadas en cruz y dígase la siguiente oración:

  Sapo,
  yo, por el poder del Príncipe Belzebuth,
  te cosí los ojos,
  lo que debía hacer a fulano de tal,
5 para que no tenga sosiego ni descanso
   en parte alguna del mundo sin mi compañía,
  y ande ciego para todas las mujeres
  y [me] vea únicamente a mí
  y en mí sólo tenga su pensamiento.
10  Fulano,
  aquí estás preso y amarrado
  sin que veas el sol ni la luna,
  hasta que me ames;
  de aquí no te soltaré,
15  aquí estás cautivo,
  así como lo está este sapo.
  Fin.

Después de que se quiera deshacer este hechizo, descósale los ojos al sapo y suéltelo en un lugar fresco.”

Revista de literaturas populares, artículo de Araceli Campos.

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