CC0 Scriptorium. Fuente: wikipedia.org

Baudelio heroicis scriptor

Eder Elber Fabián Pérez. | Imagen: CC0 Scriptorium. Fuente: wikipedia.org

Hay algunos ensayos con forma de cuentos y cuentos disfrazados de ensayos. El siguiente texto pertenece a una de esas dos categorías.

Eder Elber Fabián Pérez*

Hacia el año 1866 el filólogo alemán Karl F. Lachmann viajó a Italia, nueve meses más tarde regresó a su nación cargado de anécdotas y documentos. Según se conoció, los primeros días de aquella travesía le habían resultado del todo estériles, pues  los hombres que lo acompañaban terminaron por amotinarse abandonándolo en un viejo castillo en Ferrara. De este hecho derivó su encuentro con varios manuscritos que le otorgarían fama y renombre. Una primera hipótesis sobre los documentos derivó en que éstos contenían el testimonio de  las antiguas batallas entre Aníbal Barca y Cornelio Escipión. Años después se descubriría que Lachmann había errado en sus hipótesis. Aquello que ante los ojos del alemán, resultaba una “verdadera historia de guerra entre dos conquistadores del imperio romano” en realidad  era una epopeya de corte clásico. Este hecho desató la polémica entre historiadores y filólogos a lo largo del siglo XX.

Durante la disputa nunca se dio muestras de la veracidad del manuscrito, causando la confrontación entre dos grupos, quienes negaban la existencia de tal documento y otros quienes creían en la palabra del académico. Entre las leyendas y los mitos alrededor del escrito, sería el  filólogo italiano Antonini De Ricci quien diera fin a la discordia,  al evidenciar  la existencia del documento, en gran medida a que la biblioteca Du Galle le suministro los medios necesarios para completar su investigación. Además de esto, De Ricci contó con suficiente evidencia para llegar a las siguientes nociones:

  1. El manuscrito no pertenecía al siglo 298 a. C  (como lo había indicado Lachmann) sino al 102 a.C bajo el mandato de Publio Escipión el Africano.
  2. Sin tener las fuentes claras, la obra parece haber sido escrita en un latín Clásico, aunque se sostiene que pudo haber pertenecido al periodo Posclásico.
  3. A diferencia del filólogo alemán, De Ricci no osó pronunciar quién había sido el autor de la epopeya, sus investigaciones no produjeron un nombre que comprobara la hipótesis sobre si Cneo Nevio había sido el autor.

Antonini asumió la traducción y reconstrucción  de la obra, la cual (dicho por varios investigadores) terminó resultando, en comparación a las epopeyas como Beowulf, Lebor Gabála Érenn, Nibelungenlied o El Cantar de mío cid,  inferior en cuanto a calidad poética y estilística. Durante el proceso de restauración,  De Ricci descubrió que la obra había sido cercenada, pues algunas partes no parecían tener una conexión lógica, siendo articuladas de una forma distinta a la “original”. El filólogo imaginó que este problema fue derivado de la incapacidad de su antecesor por preservar la obra, sin embargo, también indicó que el manuscrito  pudo haber sufrido tal daño debido a la censura de aquellos aciagos años, en los cuales vivía Lachmann.

El proceso de restauración duró casi cuatro años, De Ricci en una entrevista comentó:  “… la reconstrucción párrafo a párrafo ha requerido de una labor quirúrgica. He tratado de darle nueva vida a esos manuscritos enviados al quirófano en estado de emergencia…” De tal declaración, importa ante todo destacar el valor concedido tanto a la restauración final como al restaurador, quién al termino de su labor se dijo satisfecho con esta “nueva” versión de la Saga de Baudelio. De esta primer afirmación comenzaron nuevas especulaciones, más que los elogios, por parte de sus colegas. Los primeros comentarios, a los cuales se iban agregando más, señalaban a De Ricci como un falsificador, sosteniendo que el escrito había sido creado a partir de un fragmento De republica de Cicerón, loando la capacidad inventiva del italiano. Para desmentir esto Antonini presentó un índice en el que se detallaba cómo se constituía la epopeya:

  1. El título original de la obra: La Saga de Baudelio, el victorioso (queda claro que el epíteto fue colocado por De Ricchi, algunos tienden a creer que el titulo real era Baudelio heroicis scriptor)
  2. Una dedicatoria a Publio Escipión, el Africano y otra dedicada a Publio Cornelio Escipión loando su fiero carácter “Aquila nera, tu che con elmo e spada / hai liberato il tuo popolo dalla tirannia schiava / che hai umiliato la tua nazione per giorni fatidici / preparato per la morte, chi può sconfiggerci?”
  3. Varias Odas en honor al cónsul (se desconoce el nombre del bardo o bardos que las realizaron).
  4. La primera parte de la epopeya. Canto I  “El retorno de Vulpiano”
  5. Los Cantos II al XV. Narrando las desgracias del héroe y las guerras que atravesó para salvar a su pueblo de las inclemencias.
  6. Los Cantos XVI al XXVI. Las victorias del ejército de Vulpiano y sus amores con Adriana.
  7. Canto número XXVII. Fin de la epopeya

Esta primera prueba garantizaba acabar con la discordia sobre la veracidad de la epopeya; sin embargo, terminaron por presentarse nuevas polémicas.  La más importante surgió alrededor del canto final, el cual en realidad no parecía ser la consumación de la gesta. A continuación se reproduce de manera íntegra el  canto final de la Saga:

CANTO XXVII “La Tierra del Desprecio[1]

Apenas había llegado a la ínclita tierra, detuvo la mirada sobre aquella figura, quien en su lánguido caminar semejaba al mismo Caronte[2].  Al descender de su leal  palafrén, sin frenar la voz  preguntó —¡Ah buen anciano![3] Dime ¿De qué lugar yaces y a dónde partes?— El hombre sin mirar a los pardos ojos del guerrero contestó —Estas que ves, noble guerrero antes cuna de Oriente, origen de las hermosas joyas de la tierra, lugar insigne de dioses y  hombres, donde la tierra brillaba aún en la tinieblas, fueron pues las altas y gloriosas tierras que vieron nacer al impúber que fui. Hoy no son más que ceniza y polvo de oro de este cano hombre que tenéis ante vuestros pies. Si apruebas que esta roca voz no humille tu oído, dejadme narrar mi desdichada vida— De este modo aquel extraño hombre atrajo la atención de los valientes guerreros, quienes lo rodearon para escuchar su historia.

“Este cuerpo mancillado por los años, de dura piel y ojos grises, antes fue el famoso Baudelio[4], el que cien veces salvó a estas tierras, más no de esas hazañas mi fama partía. Memoriosos fueron los días cuando de Vestenia, los innobles lacayos de Huttor fueron destrozados mi espada, sus pechos atravesados bajo el filo de mi lanza,  lanzadas fueron sus cabezas hasta aquel repulsivo lago. En Mastercia de gigantes tierra maldita, coroné mis proezas quitando manos y corazones a los malditos seres que allí moraban. De todas mis aventuras, ninguna como la de Blachitl donde desollé al tirano Agabio[5] quien con la ayuda de sus hombres, destruía y corrompía a las damas del pueblo. De estas y más proezas desearía hablarte, noble guerrero que hoy con nostalgia recuerdo, pero en este retorno a la grandeza mi voz se abate…” Dio fin a su habla cuando el agua que emanaba de su rostro acarició el suelo. Aquel joven profirió una duda que rasgaba su alma —Has hablado con valentía y orgullo de tu pasado, pero si el alma te deja. Dime, ¿por qué te encuentras sumido en la desdicha? ¿Acaso guerreros como tú no debieran ser loados en las altas glorias del hierático monte[6]?— Con la mirada puesta sobre el escudo de los hombres, Baudelio reveló:

“Tal cual lo haces joven centinela[7] [sic]  a mi tierra regresaba, cuando la luna posaba su rostro en el mío, encontré en mi camino a tres mujeres[8].  Ellas loaron mis proezas y yo sin mal alguno las exaltaba, una de ellas tomó un puñado de tierra y lo arrojó sobre su cabeza,  en una lengua desconocida para mí, entonó un canto. La otra, lanzándose contra mi caballo, aulló cosas incomprensibles, pero fue la última quien reveló mi desgracia. Luego de tomar mi mano y besarla pronunció —Baudelio el victorioso, hijo de Agnos[9], quien ha conquistado tierras y derrotado reyes y abominaciones, pero… ¿por qué escapas de tu destino?—  Colérico bajé de mi corcel y dije— ¿Acaso adviertes que huyo? He recorrido tierras donde ningún guerrero ha pisado. Dispuesto a pelear contra dioses, monstruosidades, bestias y demás. He buscado la muerte sin hallarla ¿Cómo osas declarar eso, frente a un hombre victorioso de todas sus batallas?— Ella respondió —No para humillarte frente a tus hombres, quienes seguro emprenderán la misma empresa cuando te indique tu destino, sino para saber si tu coraje en verdad enaltece tu nombre, y si dispuesto estas para el viaje que te dará fama y gloria— sin temor alguno respondí —Has dicho bien, ahora indicadme ¿Adónde debemos ir y cuáles son los males que debemos terminar?— Como si un coro de búhos cantara, las mujeres al unísono me indicaron el lugar exacto donde debía demostrar mi coraje, añadiendo —Sólo de este modo demostrarás si eres fiel a la corona y al imperio de tu padre, si tienes el coraje ve a la montaña y descubre tu destino— al terminar de decir esto las mujeres desaparecieron. Sin más determiné partir con mis valientes guerreros para vencer aquello, joven guerrero presta atención a lo próximo, pues puede ser este tu destino.

“Tomé pues la vereda que nos condujo a la montaña, allí no hallé más que arena y viento fétido, muestra que la muerte había caminado por ese lugar. Fue entonces cuando uno de mis hombres se vio atravesado por una lanza, prontos descendimos de nuestros caballos y resolvimos confrontar a quien osaba desafiarnos. Fue cuando nos vimos atrapados por una súbita oscuridad. Uno  de mis hombres clamó “¡Die Toten!”[10] y fue entonces cuando comprendí, tarde ya, que habíamos sido atacados por aquellos seres malditos  ¡Generoso hubiera sido mi destino si Whatoin[11] hubiera destinado mi carne a la misma fatalidad de mis hombres!”

“Poco a poco escuchaba cómo el latido de mis guerreros se extinguía, fue grande mi sorpresa cuando al pasar de la luna, me vi sólo y con un número mayor de cincuenta sombras rodeándome. ¡Escuchadme!— exclamé — ¡Haz acabado con mis guerreros, pero mis fuerzas no han claudicado, moriré combatiendo, no dejaré que mi nombre sea mancillado por infernales seres!— Fue entonces cuando me vi atado de cada extremidad. Pensando que era mi fin encomendé mi alma a Whatoin, bufando hacia el cielo según nuestras costumbres,  cuando mi mirada se cubrió por una luz carmesí[12]. En seguida me hallé en un gran campo con mi esposa y mi hijo, no pudiendo encontrar una explicación a esto, traté de resguardarme en el pecho de mi amada, buscando consuelo por este mal sueño,  pero como si se tratara de una mofa, todo cambió de pronto. Pude ver cómo la ciudad era desolada por un fuego inextinguible, cómo los niños eran consumidos por bestias atroces, mientras tanto los hombres eran desollados y las mujeres violadas.  Impávido me convertía en un observador de aquel desolador paisaje, donde mi mujer era poseída por otros varones y mi hijo arrojado a las llamas. De nueva cuenta la oscuridad inundo mi mirada y creí haberme librado de aquellas visiones, pensando que la muerte había venido por mí.  Cuando sin explicación alguna, volví a ver aquellos seres quienes festejaban con los restos de mis hombres, en algún punto aquel festín sádico me pareció menos real que la visión que había tenido.”

“Así  pasaron los días y las visiones  fueron transcurriendo, cada una peor que la anterior. Hasta que mi fuerza se quebró, mi mente fue dañada hasta el punto de la distorsión, ya no sabía qué era real y qué era producto de aquellas horribles quimeras. Después de tantos años al fin me dejaron en libertad. Durante mi estancia supe que todas aquellas visiones se debían al casco de Hymnis[13].  Encerrado entre ilusiones perversas, fui perdiendo el valor para escapar de aquella prisión, de aquel eterno castigo. Aún desconozco el motivo por el cual aquellos seres me dejaron en libertad, quizás para demostrar que aún el más valiente guerrero puede ser transformado  en la criatura más dócil del mundo. Ahora regreso a esta tierra y veo que  mi visión no era del todo irreal.  Mi pueblo vencido y mi mujer e hijo empalados. Me pregunto si aquello era una pesadilla o se trataba de la realidad.” Hasta aquí dio fin a su narración el anciano, dirigiéndose al joven guerrero dijo —Te dicho ya  mi historia, ahora decidme, ¿cuál es tu nombre y a dónde te encaminas noble guerrero? El adalid después de besar las manos del anciano respondió —Yo soy  Publio Escipión, más conocido como el Africano, hijo de Publio Cornelio Escipión, mi destino al igual que el tuyo ha sido augurado por aquellas mujeres de triste semblante, pero ahora con tu narración predispongo de más fundamentos[14] para derrotar aquellas sombras, alzaré pues la voz y engrandeceré tu nombre Baudelio, así tu fama será reconocida y la  mía nacerá, me despido entonces para justiciar tu nombre y enaltecer el mío— Baudelio, observando cómo el emperador marchaba hacia su destino, pronunció: —No hay duda,  el orgullo  de un hombre, produce la muerte y el sufrimiento de toda una nación—[15].

Según los expertos, la epopeya no pudo continuar debido al grave “pecado”  cometido por el autor (esto también comprobaría distintas hipótesis sobre el anonimato del artista) al  aludir que Publio Escipion el Africano podría ser la representación  de Baudelio el Victorioso. Para Leonard Muschg el fin de manera súbita de la epopeya, se debió en gran medida, al inicio de la peste que azotó a la nación y que terminó por costarle la vida a su autor. Mientras que para J. Ifland el último canto “representa la mimesis de la cruda época, en la que hombres y mujeres tuvieron que soportar al Emperador. De esta forma el autor o autores (una polémica agregada por el profesor inglés) parodian la figura del monarca, mientras en una hipotética continuación se nos muestra los crímenes cometidos por este…” Las impresiones de Antonini nunca se pudieron conocer debido a su prematura muerte, dejando muchas dudas sin aclarar. 

Sobre el fin de la saga y la posibilidad de una parte “complementaria” se ha hablado mucho, las investigaciones hasta nuestros días han sido prolíficas, sin embargo hasta este momento, nadie se ha atrevido a continuar con la labor de Lachmann y De Ricci, se espera que en un futuro próximo pueda retomarse la investigación sobre este “manuscrito maldito”.


[1] Lugar de la invasión comandada por Publio  Cornelio Escipión, la tierra del “desprecio” se extendía desde Útica hasta Naraggara.

[2]  Carón, barquero infernal que guía a las almas de los muertos  por el río Estigia.  Su figura puede encontrase en La Eneida y en La Divina Comedia-

[3] Esta frase puede encontrarse dentro de la obra de William Shakespeare Mácbeth  según se nos ha indicado pudo servir de influencia para la escena IV, Acto segundo.

[4]Baudelio posiblemente signifique “victorioso” o Baudilio, Del latín arcaico badus “tonto”   

[5] Agabio “el de vida larga” véase El fin de la noche de Thomas Brownning.

[6] Alusión al monte Olimpo.

[7] Aunque pareciera un error señalar al guerreo como un vigía o guardián , en realidad Baudelio  trata de que el hombre preste la atención debida y esté siempre alerta de lo que se le narrará.

[8] De nueva cuenta podemos rastrear ciertas afinidades con la obra Macbeth, la cual nos presenta tres brujas que revelan el destino de rey de Escocia.

[9] Emperador de la región Northanes, bajo su reinado se construyó los muros que rodean a la ciudad y el puente que permitió la comunicación entre las naciones del oriente.

[10] Los muertos o Las sombras, traducción derivada de las similitudes entre esta palabra en latín y el alemán.

[11] Dios antiguo, de lo poco que se conoce es que existía una deidad para cada oficio, en este caso Whatoin es el dios piadoso que se encarga de las almas de todos aquellos guerreros puros, descendientes de Whetaing.

[12] Según se sabe esta luz asemejaba no al inframundo, sino a un mundo de belleza y alegría.

[13]Alguna relación puede existir entre esta palabra e Hypnos (sueño o personificación del sueño) habría que notar la relación entre el instrumento y su capacidad para producir terribles ilusiones al hombre u hombres que porten tal artefacto.

[14] Una mejor traducción sería datos; sin embargo esta palabra podría traer un nuevo enjuiciamiento por parte de mis colegas traductores.

[15] Se puede apreciar que el capítulo queda inconcluso, pues no se nos indica que fue del anciano y si Escipión salió victorioso o derrotado de aquella aventura. Sin embargo, mi investigación arroja que la segunda parte puede encontrase en…


*Eder Elber Fabián Pérez. Ciudad de México es estudiante de la licenciatura de Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana en Iztapalapa, Forma parte del cuerpo editorial de Cardenal. Ha publicado en revista Tlacuache, en De-lirio, en Buenos Aires Poetry, en la revista El Comité 1973, en Círculo de Poesía, en la revista Campos de Plumas, en Cardenal Revista Literaria y en Revista Hispanoamericana de Literatura. 

Facebook: Eder Elber van Fabian

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