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¿Qué pasó con los indígenas del Caribe?

Ana Hurtado | Imagen: CC cnnespanol.cnn.com ||

El pasado 12 de octubre se conmemoró el Día de la Raza, en las últimas décadas este día ha despertado un sinfín de necesarios debates entorno a la figura de los conquistadores y su papel de "descubridores". Ana Hurtado nos trae una reflexión y crítica enfocada en el Caribe.

A finales del siglo XV los viajes de Cristóbal Colón sacudieron la ecúmene europea. Por larga data la historiografía colonial denominó “Descubrimiento de América” a la instauración de un sistema político económico caracterizado por el saqueo y la explotación humana.  Diferentes culturas atestiguaron una alteración irreversible en su constitución cosmogónica, simbólica y comunitaria, y en consecuencia adaptaron su gramática a la motricidad del colonialismo naciente.

Dados los reajustes geopolíticos y geoculturales los pueblos indígenas del centro y sur latinoamericano tuvieron un mayor reconocimiento historiográfico tanto en crónicas como en documentos de la corona, tales como las Cédulas Reales, donde se pautaban lineamientos de compra venta, distribución de recursos o estrategias para asegurar los dominios territoriales, las cuales se valían de distintos métodos, tales como la evangelización.

Luego de una compleja fricción intercontinental, donde se enfrentaron múltiples formas de comprender el mundo, una nueva grieta signaba la disputa por el dominio simbólico territorial del Nuevo Mundo: el sincretismo indígena.

La pluralidad étnica cultural latinoamericana abarca desde la Patagonia del extremo austral suramericano hasta los minúsculos archipiélagos del Caribe y Circuncaribe. Existen factores muy específicos por los cuales la prioridad temática del sincretismo indígena profundizó tardíamente en el Caribe, uno de ellos fue el exterminio total que se infringió sobre los pueblos indígenas de las Antillas y la gradual desaparición en los pueblos situados en el cinturón geográfico con salida al mar caribe. El legado de estos pueblos se identifica en la lengua y la gastronomía, principalmente, dimensiones que permitieron la trascendencia de palabras alojadas en apellidos familiares o en topónimos. Asimismo, existe una acotada colección arqueológica que da cuenta de la tecnología precolombina de uso ritual o práctico para el cultivo y producción de alimentos, dicho registro arqueológico va desde la costa oriental venezolana, el centro occidente de Cuba y Guadalupe, así como la región Este de Santo Domingo, Jamaica y Las Bahamas, donde también se han registrado piezas de alto valor arqueológico.

De este concentrado caribeño, el pueblo indígena más conocido fue el taíno, cuyos asentamientos más importantes se ubicaron en Jamaica, Puerto Rico, Santo Domingo y Las Bahamas y corresponden a la fase tardía de los indoantillanos (siglo XIII–XVI). Los orígenes de los taínos ―también conocidos como arawaks― se remontan a los flujos migratorios de la etnia arauaca proveniente de Suramérica, estos flujos tuvieron un significativo dinamismo a lo largo de los siglos VIII y IX. Fueron pueblos caracterizados por actividades primarias, como la agricultura, la caza y la pesca, poseían también un sistema sociopolítico jerárquico donde en el máximo eslabón se encontraban los caciques, y en la base estaban los naborias.

En la Relación acerca de las antigüedades de los indios Fray Ramón Pané documentó parte del sistema cosmogónico taíno, describiendo la devoción hacia un Ser Supremo que habitaba el cielo; en adelante, otros cronistas eclesiásticos retomarían el registro de Pané para explicar el universo mágico religioso de los taínos. El trazo insular ―que también es puente hacia Suramérica― fue puesto en el radar de la monarquía española durante el segundo y tercer viaje de Colón, pero a pesar de ello, su colonización tardó un par de años más y fue escalonada. En 1493 Guadalupe y Barlovento fueron agregadas a la lista de la corona española, esta fecha corresponde al segundo viaje de Colón, y constituye uno de los más decisivos, pues se comenzaba a dimensionar, difusamente, el valor geopolítico del triángulo caribeño. Al informar a la corona sobre la presencia de caribes (nominativo con el cual se identificaba a quienes habían nombrado el mar Caribe), se autorizó su captura, abriendo paso al tráfico humano, que más tarde provocaría campales disputas por el control y dominio territorial de las islas, pues en adelante éste sería uno de los enclaves comerciales más importantes.

Aunque buena parte de la hegemonía historiográfica se ha aferrado en sostener que la desaparición de los taínos no se debió a imposición del sistema moderno, no es suficiente para minimizar que las últimas generaciones de taínos no escaparon de los infortunios que trajo consigo el mal llamado “Descubrimiento de América”. Es necesario hablar de la justicia reparativa para comprender a profundidad por qué hoy se exige que las estatuas de los colonizadores dejen de estar en los espacios públicos y sean desmitificados de los elocuentes discursos nacionalistas. La justicia reparativa precisa de la arqueología, para reiterarle a la política del olvido, que en 1492 la humanidad de América Latina se fisuró, dejando una huella imborrable.


*Ana Hurtado

Afromexicaribeña (1994) Egresada de Estudios Latinoamericanos, UNAM. Especialización en Estudios Socioculturales del Caribe Insular. Cronista, periodista y coleccionista de historias. En continúa reinvención.


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