¡El teatro está vivo! El Festival de Teatro «Colombia en escena. Gestos por la paz»

En la Cordillera de los Andes oriental, muy cerca de los límites fronterizos del noreste con Venezuela, se localiza Boyacá, un departamento de Colombia con una gran baluarte arquitectónico, natural e histórico. Es también un referente para la historia de la plástica colombiana, importantes pintores y escultores son originarios de este terruño prendido en la Provincia de Márquez.

Boyacá es un epicentro cultural, un lugar donde las artes se arraigan desde distintas disciplinas: música, danza, pintura… y teatro. Aquí nació Arscénicus Teatral, una asociación civil comprometida con la formación y la difusión de las Artes Escénicas; hoy también es un faro de luz en medio de un tiempo apocalíptico tan incierto.

Desde su fundación en el 2004, Arscénicus ha reiterado su convicción de hacer comunidad a través del teatro. Posteriormente, crearon el Festival de Teatro «Colombia en Escena. Gestos por la paz» y la ardua labor colectiva los ha llevado a la séptima edición de este Festival. Con todas las contradicciones e innovaciones que ha conllevado el nuevo mundo virtual, este importante evento diluye fronteras y llega a los corazones confinados con un mensaje, un gesto de paz en medio de tanto hartazgo e incertidumbre.

Desde el 28 de octubre y hasta el 1 de noviembre, el Festival de Teatro lleva a cabo su programación en formato virtual a través de transmisiones en Facebook. A pesar de las dificultades, una vez más lograron convocar a distintos artistas escénicos colombianos dispuestos a extender un gesto de paz para Boyacá, para Colombia y para cualquier que esté dispuesto a acompañar esta edición virtual.

Platicamos con Ana María Sandoval (representante legal de Arscénicus), Catalina Jiménez y Amaranta Correa (exalumnas y docentes de Arscénicus Teatral) sobre la labor artística de esta Asociación y los avatares que ha traído hacer teatro en tiempos de contingencia. En palabras de Amaranta: Arscénicus Teatral es un lugar maravilloso, esa magia nos motivó a compartir esta entrevista e inspirar la curiosidad para mirar el teatro colombiano.

28 de octubre 2020

Cata: Mi nombre es Catalina Jiménez. Soy estudiante de Artes Escénicas de la Universidad Javeriana, una universidad aquí en Colombia, muy reconocida. Ya voy a terminar mi pregrado, y estoy con Arscénicus Teatral. Hago parte de Arscénicus Sociedad Teatral hace bastantes añitos ―desde el colegio― y ya cuando empecé a formalizar mi carrera en la Artes Escénicas entré como docente hace tres años. Este año estoy ayudando en la organización del festival, en el equipo de coordinadores, este año es la séptima edición de “Gestos de paz” y la primera vez que lo hacemos virtual por todo el tema de la pandemia. Hoy fue nuestro primer día.

Ana María. yo soy la representante legal de Arscénicus Sociedad Teatral, la organización no gubernamental que le da vida a este festival de teatro, es uno de nuestros proyectos, uno de los muchos que tenemos. Nuestra organización fundamentalmente está orientada al desarrollo del arte teatral en la región, y uno de nuestros proyectos de Arscénicus es el festival de teatro. Vamos en la séptima versión con mucho ánimo, con mucha expectativa de la virtualidad, eso nos sorprendió en el mundo entero, lo hemos podido comentar, dialogar con otras personas.

Ama. Yo soy Amaranta Correa Beltrán, tengo 22 años, trabajo en Arscénicus hace ya casi cuatro años. Primero fui estudiante de Arscénicus, y ahora con Catalina y otros compañeros somos profesores, incluyéndonos más en los procesos que llevan más de 15 años en Arscénicus. En el festival de teatro estoy con la organización junto a otros compañeros ―aquí Anita, Catalina, Juan Pablo, Alexander, que nos faltan―.

Ana Hurtado. Tengo varias preguntas. Un poco leyendo sobre ustedes me metí a ver el sitio web que tienen, y me llamó mucho la atención su historia, cómo empezaron hace algunos años y posteriormente se consolidan como una Asociación Civil y en ese proceso comienzan a forjar esta parte pedagógica, y no ser solamente una compañía de teatro con un repertorio sino también tener la escuela. Un poco que pudieran compartir, ¿qué es la escuela? ¿Qué es el trabajo formativo? También leí que su intención es dar visibilidad al trabajo artístico de Boyacá como uno de sus principales propósitos, y así explicarnos qué es Boyacá desde la óptica teatral

Ana María. Generalmente los grupos de teatro, que así se llaman, es la idea de tres o cuatro amantes de teatro, y, el deseo inicial es hacer montajes: montar una obra, tenerla en el repertorio, montarla, presentarla, y después, si bien les va, montar la otra. Inicialmente empieza Arscénicus Sociedad Teatral en el 2004, más o menos con esa idea, había cuatro directores de teatro, directores estudiantiles y ellos dijeron: “Bueno, asociémonos los cuatro y hagamos un grupo de teatro”, al que llamamos Arscénicus, y así se quedó con este nombre. Pero empieza el trabajo y con ello a vislumbrarse que eso no es suficiente. Ahí afortunadamente el grupo se vincula al maestro Mauricio Grillo, que es ya un intelecto del teatro, una persona que tiene un recorrido muy grande y dice “tenemos que darle solidez a esto para que exista, porque hacemos el montaje de una obra y hasta ahí fue, después hacemos otro y hasta ahí fue”, entonces decía “hay que consolidad una organización con unos proyectos y unos programas propios que le den vida”.

Uno de los programas que él empezó a hacer muy incisivo fue con la escuela, porque decía “cuando exista la escuela la organización se estabiliza porque entonces va a tener formación permanente, con actores permanentes, no es la cosa de que se acabó una obra y miremos a ver a quién buscamos, con otros actores del pueblo o del pueblo vecino, de ¡ruéguele venga pa’cá y acomode horarios, no”. Él decía“la escuela va dando muchas garantías y fuera de eso vamos haciendo un proceso de formación muchos más completo y no solamente unas horitas, allá de voz, cuerpo, y ahí nomás, no”.La escuela nos permite tener un plan de estudios por etapas y lo vamos a cumplir, en esa forma nosotros hemos visto que el resultado del proceso de formación es grande; Catalina, Amaranta son productos de esa formación y hoy día se desempeñan en su área artística con actuación, pero también estamos incursionando en este que es nuevo en las Artes, la gestión cultural, porque  es una novedad, se está hablando mucho y se está estructurando mucho porque ya se está viendo la necesidad de hacerlo.

            Entonces en esa forma después de empezar, haciendo los pinitos de la escuela, él decía [Mauricio Grillo] “hagamos programas, dos o tres que le den estabilidad a eso y que nos permitan consolidar la escuela”. Así nace el Festival de Teatro, por efecto de que los festivales traen referentes, porque si traes a México, Guatemala, haces un intercambio de culturas, un intercambio de saberes que realmente eso no lo da la Academia realmente. Los Festivales nos completan todo lo que los chicos están viendo en el área académica, entonces a medida que se van generando programas se va consolidando más la organización cultural. Así en líneas generales. El Festival ya lleva siete versiones, del Festival de teatro «Colombia en escena», este nombre tiene una razón y es que soñamos con que cada día vaya abarcando más, hemos procurado en cada versión tener áreas de diferentes partes del país, pensamos que algún día ya vamos a podernos reunir diferentes áreas en un solo Festival, y no solamente una o dos como lo estamos haciendo ahora

Cata. Para ahondar un poco más lo que dijo Anita, pues hay algo que siempre me ha parecido muy curioso y es algo que nos repiten mucho en la escuela de Arscénicus, y creo que se nos ha quedado, es ¿por qué nos llamamos así? Entonces este nombre un poco raro que suelen pronunciar mal y escribir peor [risas], este nombre es por Ar de arte, y scenicus de escena. Entonces es eso, estamos muy centrados en el Arte Escénico, en las artes teatrales, de a poquito hemos creado varias líneas. Hacemos teatro sala, teatro calle con una comparsa que hemos creado recientemente, también hacemos títeres, entonces a la largo de la historia de Arscénicus hemos estado investigando en diferentes áreas. La escuela a este punto tiene tres grupos: Juvenil, que son chicos entre 14 a 18 años; Prejuvenil, con niños de 7 a 12 años; y el Estable, conformado por personas que ya llevamos más tiempo en la escuela, estamos estudiando profesionalmente Artes Escénicas, otros están en la universidad en otras carreras, pero somos como los que se quedaron de la vieja escuela en Arscénicus y hacemos montajes un poco más profesionales, por así decirlo. Estamos estudiando para ello.

De la escuela hacemos un encuentro cada año para que los chicos que están en ese proceso escolar sientan un poco ese fogueo de salir a escena, entonces, ellos con nosotros hacen una obra de teatro durante todo el año y al final del año la exponemos a un público, antes era presencial con otras escuelas de Duitama, en este momento nos toca hacerlo virtual. Esto es para que ellos también, aunque están haciendo teatro escolar sientan la experiencia de subirse a un escenario.

            Este año el encuentro será virtual y estará por las fechas del Festival, desde el viernes. Hablando un poco más de lo que podría significar Arscénicus en Duitama y Boyacá, Duitama es uno de los municipios más grandes de Boyacá. Tenemos cerca de doce mil habitantes. Sin embargo, el arte escénico no es el arte más relevante, acá se ve mucho el arte, la escultura, más que todo danza y música porque tenemos Festivales Internacionales de Tunas, danza folklórica, pero que digamos el teatro, las artes escénicas han estado relegadas de nuestro municipio. La iniciativa del Festival de Teatro «Colombia en escena» es para incentivar a todos esos grupos de teatro que existen, Duitama tiene varios grupos de teatro en una labor activa de sacar obras, de formar a chicos en colegios, pero a veces no hay muchos espacios. De hecho, en Duitama como tal hay pocos lugares a los que podemos llamar teatros y uno de ellos es un colegio, entonces digamos que espacios como estos, los hacemos para visibilizar mucho el Arte Escénico que sabemos existe, pero que no tiene donde desarrollarse formalmente

Ama. Tú preguntabas ¿Qué es Boyacá? ¿Qué es hacer teatro en Boyacá? Y esa también es una de nuestras grandes preguntas. Por ejemplo, en Boyacá no hay escuelas profesionales para formarse en teatro, hay en Artes Plásticas, en Danza, en Música, pero no en teatro. Eso me parece una gran desventaja porque los artistas de acá, entre ellos amigos y compañeros que migran a Bogotá, la capital del Colombia, tenemos que estudiar allá si queremos ser profesionales en estas áreas y muchos amigos no vuelven. Entonces que nos quede más lejos la oportunidad de especializarnos también hace que todos estos talentos se drenen fuera del departamento. Para nosotros es muy importante que se desarrolle el teatro y en general en el departamento de Boyacá.

            Cuando tenemos escuela de teatro, el teatro se aviva y se mantiene en el departamento, entonces por ahí va la importancia de la Escuela o de este tipo de procesos en Boyacá. Somos bastantes teatreros en Boyacá, pero digamos que se ven concentrados en las ciudades. En los lugares más alejados de las ciudades principales no se conoce mucho el teatro o no es tan conocido por el resto de la comunidad, entonces eso me parece que es una falla, pero estoy segura de que con procesos como este lograremos que el teatro en Boyacá se quede, se mantenga, se mejore, que la gente sepa ver teatro y que el teatro sea parte de los que nos caracterice como las ramas artísticas que pueden existir en Boyacá.

Ana Hurtado. Me llama mucho la atención y me motiva bastante saber que ustedes fueron alumnas de la Escuela, y creo que el perfil de esa formación es un poco hacia un empoderamiento, donde ustedes después de recibir clases, sean quienes las impartan. ¿Qué ha significado hacer teatro, un poco alejado de esta parte técnica o estética, sino teatro como una forma de hacer comunidad?

Cata. Es una experiencia maravillosa pasar de tomar las clases a darlas. En este momento Amaranta y yo damos clases a personas más chicas que nosotras, pero aun así seguimos tomando clases en la universidad. Entonces seguimos aprendiendo todo el tiempo, creo que dando clases y siendo docentes comienzas a aprender de las personas a las que les das clases. Aprendes de sus experiencias, frustraciones, como que te puedes reflejar en ellos y sientes mucha empatía, una forma más cercana de llevar el proceso porque ya estuvimos ahí, ya estuvimos en ese papel y seguimos estando de una forma más estricta. Entonces es aprender de todos lados, desde el más chiquito al que le das clases hasta el profesor con una gran trayectoria de la universidad. Algo que pasa, es que a pesar de que nosotros tuvimos directores que realmente confiaron mucho en nosotros, algo que pasa en Arscénicus, y otras escuelas, es que no tenemos el lujo de tener un utilero o alguien que ponga otra cosa, sino que somos los propios actores y directores los que hacemos todo. Entonces nuestros directores nos dieron mucha independencia y responsabilidad, pues nosotros teníamos que hacer todo: montar el telón, llevar el vestuario bien planchado para la presentación, dibujarnos la arruga o el maquillaje para la presentación. Cuando tú le das clases a los chicos, lo que nos ha pasado es que queremos facilitarles todo.

            Con todo esto de la gestión cultural, Arscénicus y su directiva son realmente muy generosos con las nuevas generaciones porque hay gente tanto en este medio como en otros, que llega a una posición. Llegar a la séptima versión de un Festival es todo un logro, y hay quienes pueden llegar a ser envidiosos con sus logros, pero en Arscénicus son muy generosos y nos abrieron la puerta de par en par, para que nosotras tuviéramos todas estas experiencias que nos ayudan mucho en nuestra formación profesional. Ellos nos están guiando todo el tiempo, nos están enseñando, queriendo que proveamos un poquito de todo lo que está detrás de actuar, porque nosotras vamos a formarnos como actrices, pero detrás están los gestores, productores, docentes, entonces la Escuela de Arscénicus nos ha dado la oportunidad de probar un poquito de cada cosa…

Ama. Yo recuerdo mucho la Escuela de Arscénicus como un lugar maravilloso. Desde pequeña estuve enamorada de ser actriz y del teatro, era un lugar maravilloso. Yo estuve también en el grupo del colegio y sentía que Arscénicus era un pasito más, sentía que la educación teatral era un poco más comprometida y abría más el espectro. Ya enamoradísima me fui a estudiar a Bogotá Artes Escénicas y fue maravilloso volver a Arscénicus como docente. Yo soy el mantra del enamoramiento, pero yo amo y me encanta dictar clases, porque eso me da vida y enseñar teatro es la locura para mí. Por ese lado se cumple mucho el objetivo del relevo generacional, de que la Escuela definitivamente fortalece el trabajo en grupo y le permite continuar.

            Vamos creciendo en metas, hacíamos montajes en otros lados, pero digamos que no salíamos de nuestro círculo. Ahora nos estamos ampliado, el año pasado, por ejemplo, nos fuimos a Medellín y eran cosas que con los profesores que estamos ahorita decíamos ¿por qué a nosotros nunca nos llevaron a Medellín?, y era porque era muy joven la Escuela, nosotros estuvimos en el primer año de la escuela. Cada año la escuela es mejor y tiene metas más grandes, y también cada año mejora en la formación actoral. Definitivamente la Escuela de Arscénicus aprende del año inmediatamente anterior y evoluciona. En cuanto a la Gestión Cultural, vuelvo al tema de Boyacá y creo que necesitamos mucha Gestión Cultural, y creo que el teatro es un arte un poquito chiquito. Uno vive muchas experiencias en Bogotá y ve que el teatro aquí está chiquito, y creo que el camino para hacerlo más grande, para que todos los boyacenses sepan lo qué es teatro, para que hayan visto por lo menos una vez en su vida teatro, es la Gestión Cultural

Anita. Yo quiero añadirles algo que me parece muy importante y que se les ha reiterado mucho en los procesos formativos, y es la integralidad. Es decir, una de las cosas que siempre se ha dicho es no nos interesa el buen actor, nos interesa la formación del ciudadano, de la persona en sí, ése es el impacto social que va teniendo el teatro a nivel de esa función social que tiene, y es ayudar a formar mejor gente. Mucho acercamiento al alumno, a su situación familiar y personal, uno ve que las maestras son amigas de ellos, que los entienden, los orientan en esas otras facetas de su vida. Porque vuelvo e insisto, no solamente queremos el buen actor, sino el buen chico que sepa desempeñarse dentro de la sociedad. Esa integralidad del desarrollo artístico se da en pasos, uno ve que no solamente son las áreas de teatro, sino otros espacios de música, canto, de otras áreas.

Tal vez se les olvidó una de las cosas por las cuales se quiere mantener una línea de formación, son los semilleros de formación, con los más chiquitos en los colegios. Hay colegios aliados que permiten la formación de los semilleros ahí, esos son los que van a retroalimentar la escuela de Arscénicus. Es un programa muy interesante y bonito, lo trabajamos con mucho sacrificio porque una escuela tiene un costo alto. El funcionamiento de una escuela es alto, pero ahí nos bandeamos y se ha logrado sostener la Escuela, ya tiene diez años de funcionamiento, entonces estamos muy contentos con el funcionamiento de nuestros programas.

Ana Hurtado. Otra cosa que me gustó mucho es el nombre del Festival «Gestos para la Paz» y quiero que me compartan ¿por qué este nombre para un Festival de Teatro? Porque me parece muy potente, sobre todo porque durante mucho tiempo lo que se conoció de Colombia fue el prejuicio de un país violento y prácticamente inhabitable. Creo que es bien importante reconocer otra Colombia, la que también es de mucha lucha y trabajo en colectivo

Ana. Una de las tendencias que se han tenido últimamente desde que se empieza a implementar el proceso de Paz en Colombia, empieza toda una exploración, un estudio de mirar a las Artes a todo el contenido de las expresiones artísticas como instrumentos para encontrar la paz, para buscarla, sobre todo últimamente se ha visto en esta polémica de cómo realmente puede alcanzar situaciones. Es decir, como el chico que estudia artes se involucra en las artes no es el chico violento sino el que le encuentra un sentido a la belleza, a la armonía y a una cantidad de cosas, seguramente no va a tener esa actitud violenta que han desarrollado los pueblos latinoamericanos de un tiempo para acá, porque todos nos hemos vuelto violentos. Hoy día ese es el clamor de los intelectuales, no separar la educación del arte, es decir, se debe educar al niño desde niño para las artes, aludiendo a que hay unos derechos culturales que todos los ignoramos. Por eso se cree que la combinación educación- cultura es algo que realmente va a permitir generar cambios en las personas. El mundo lo cambiamos, cuando la gente realmente cambie, entonces con todas esas políticas de paz, todos los colombianos pensamos en la paz, entonces queremos que los eventos también produzcan, también sean pequeños espacios de paz que se van creando. Indudablemente nosotros hemos tenido obras de teatro que realmente han conmovido a la gente.

Más en esta tendencia del teatro latinoamericano de explorar nuestra propia realidad, nosotros vivimos los clásicos hasta hace seis o siete años. Nos encantaba todo lo que venía de Europa: Shakespeare, Otelo…toda esa cantidad que García Lorca, y eso era lo que veíamos en el teatro. Hoy está la línea de la exploración, de la propia realidad, de la gente, de cómo nos ha afectado, cómo realmente la gente se está encontrando con su propia realidad y eso nos sirve para generar espacios de paz. Y por eso nuestros de «Gestos de Paz» parten de ese proceso de paz que vivimos, pues pongámosle paz por alguna parte, porque eso tiene que llevarnos a algo muy positivo, a eso, a generar espacios de paz. Y nosotros sabemos que los espacios que genera el teatro son eso: espacios de diálogo, encuentro…

Ama. Yo no estuve cuando pusieron ese nombre, pero a mí también me gusta mucho y algo que hablamos junto con los artistas que tenemos en esta versión del Festival, les preguntaba ¿por qué tu obra es un gesto de paz? Todos supieron responder de una u otra manera, y es que me parece que es un término que se resignifica constantemente. Me parece que mediante el arte y el teatro todos estamos gestos de paz. Preferible ver una obra de teatro a crear violencia. Colombia es un país que tiene mucha historia violenta, pero a través de la escritura colombiana se ha venido haciendo estos gestos de paz. Por ejemplo, montamos una obra del maestro Buenaventura que se llama «Los papeles del infierno», que es un gran gesto de paz. Habla sobre la violencia en Colombia en los años 50, muy fuerte. La gente de esa obra de teatro sale pensando en que ya no quiere un país violento y creo que eso es lo que más me gusta del nombre, que se resignifica y realmente le habla a la gente de gestos de paz a través del arte

Cata. No sólo es desde los mensajes de las obras, porque el teatro colombiano ha estado muy pendiente de visibilizar las injusticias sociales, ha estado muy pendiente de resaltar su historia y la de las poblaciones más afectadas por la violencia que estado en nuestro territorio. Si bien el mensaje es también algo positivo porque intenta llamar a la reflexión, al diálogo, a recordar los hechos y a la justicia en general, también es el hecho de crear comunidad desde los grupos y el público. Entonces a crear comunidad y encontrarnos en espacios de reflexión, de diversión en los que podemos estar ahí haciendo una labor humana, porque el teatro es una labor humana, desde ahí también se construye paz. Podemos llevar un mensaje más fuerte, porque tenemos un lazo mucho más cercano con nuestros vecinos, con los que nos ven, con los que nos ayudan detrás de escena. Entonces creo que también es mucho desde ahí como nos conectamos los unos a los otros desde un espacio para la paz y la reflexión.

Ana Hurtado. Mi última pregunta sería ¿Cuáles han sido sus retos más grandes al trabajar en esta nueva normalidad? ¿Qué es lo más difícil que han enfrentado para hacer teatro en este contexto pandémico? Sobre todo, porque como lo comentábamos al inicio, estamos acostumbrados al teatro como representaciones en carne viva. ¿Cómo ha sido esta nueva forma de compartir el sentipensar?

Cata. Nosotros en la Escuela seguimos con el proceso antes de la pandemia y alcanzamos a tener un mes, más o menos, de clases presenciales cuando nos mandaron a cuarentena todos, y algunos profesores nos preguntamos ¿qué pasará con nuestros chicos? Y algunos alumnos también lo hacían. Entonces decidimos llevarlo a cabo virtualmente y nos diseñamos todo un programa para ayudarnos de todas estas posibilidades como éstas, en videos, que ellos nos enviaran videos con material grabado y nosotros darles una retroalimentación tan cercana y detallada como lo hacíamos en persona. Inevitablemente te crea una brecha entre alumno y docente porque tú no puedes estar ahí presente potenciándolo y guiándolo de la forma en que lo haces con la presencia y energía, porque el teatro también es algo energético cuando estamos todos creando una artesanía, esto nos pone una barrera. Fue difícil también porque no todos tenemos los mismos recursos. Había chicos que no tenían un buen acceso a internet o tenían que compartir su computadora o trabajar, muchas cuestiones que no permitieron que lleváramos un proceso tan directo.

Tuvimos idas y venidas, y al final lo concretamos ayudándonos mucho del lenguaje audiovisual. Yo a estas alturas me pregunto si el teatro que uno pasa por una página es teatro, porque el teatro requiere presencialidad. Yo creo que este es un experimento genial, y es un momento de la historia que todos recordaremos. El teatro tenía que hacerse visible de alguna forma y fue a través de grabar nuestras obras y subirlas. Si es 100% teatro no lo sé, porque creo que es un híbrido entre teatro y lo audiovisual y esto sirve para romper las barreras entre disciplinas y crear material nuevo. Esta brecha fue uno de los obstáculos más grande, pero al final logramos sacar todo esto mucho de la mano de lo audiovisual, también les enseñó a los chicos mucha independencia porque ellos tenían que ser sus propios vestuaristas, maquillistas, su diseño de luces; nosotros a través de la pantalla, intentar, con sudor y lágrimas, guiarlos. Ante todo, intentar ser detallados para que ellos sintieran que estábamos con ellos en todo momento, a pesar de esto. Se logró un resultado un resultado del cual nos enorgullecemos, precisamente por las dificultades que atravesamos, pero que con trabajo y ver lo positivo y coger las oportunidades como ésta.

Ama. Lo más difícil fue lo desconocido, es decir, siento que cuando llegó la cuarentena todo mundo quedó en shock, paralizado, ¿qué va a pasar? ¿cómo vamos a vivir esta vida sin teatro? El empezar también las clases fue difícil porque sino se desarmaba todo, preguntarnos cómo continuar fue lo más difícil. Otra dificultad no es sólo los recursos, sino que, a la gente a veces, le cuesta la virtualidad todavía. Por ejemplo, gente más grande que nosotros no puede ver una obra de teatro, porque para ellos eso no es teatro. Pero siento que trajo también muchas virtudes, nos enseñó a ver el teatro de otras maneras, a acomodarnos, a aprender a aceptar y respetar que no todos se sienten cómodos sin lo presencial. Creo que esto nos ayuda a conectarnos con mucha más gente, que los chicos comprendan más cosas de la creación. Lo más grande es este tipo de visibilidad que ha podido tener el Festival, nuestros maestros y nuestra escuela

Ana. Yo quiero añadirles que fue un paso bastante difícil, sobre todo para nosotros las personas mayores. Nos preguntábamos mucho, “¿Hasta aquí llegamos?”. Y un amigo muy querido que es el director del Teatro Matacandelas en Medellín, y él me llamó y me dijo “Pues yo tampoco tengo idea, pero tenemos que hacer algo. Yo tampoco tengo idea, Ana María, no sé que hacer, pero tenemos que hacer algo, pero ¡eche pa’lante!”, y él lo dijo textualmente: “¡el teatro está vivo! No lo podemos dejar morir, entonces si lo queremos sostener entonces metámonos en esto. No sabemos, pero para eso está la gente joven hoy”.

Esa fue una de las grandes dificultades y es esta línea generacional que conoce más los medios y la virtualidad, nos toca sorprendernos y ahí vamos a lado sin que nos podamos comprometer mucho. Armar es Festival fue difícil, porque uno llamaba y nadie tenía obras grabadas para la visualidad, porque todo mundo estaba con sus grupos de teatro para ir. Y nosotros ya estábamos soñando con el Festival, de que teníamos cinco hoteles, de que llegarían 10 grupos, de los paseítos…esa era nuestra fantasía. Ahora no, no había hotel ni restaurantes, ahora nos mandaban la obra y nos sentábamos a verla. Fue un cambio bastante difícil y duro. Alguien me decía es que se le perdió el encanto, yo decía – ¡no! Eso lo vivimos en el momento que teníamos que vivirlo, pero ahora tenemos que vivir este otro momento-.

Otra de las cosas es que se necesita muy buena tecnología para hacer transmisiones de calidad que valgan la pena. Las primeras transmisiones que se hicieron aquí hacia junio fueron muy muy regulares, se cortaban, se paralizaban…y realmente conseguir tecnología no fue fácil, pero se está formando esa línea de técnicos en este tipo de transmisiones, por ejemplo, yo que me tiré la transmisión de nosotros hoy, creo que fue muy buena. Nos ha tocado ir aprendiendo, y meternos en el cuento. Tenemos que seguir adelante, tenemos un propósito y tenemos que llevarlo hasta lo más alto que podamos.


*Ana Hurtado

Afromexicaribeña (1994) Egresada de Estudios Latinoamericanos, UNAM. Especialización en Estudios Socioculturales del Caribe Insular. Cronista, periodista y coleccionista de historias. En continúa reinvención.


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