Octubre Cimarrón: hay un país en el mundo

Ana Hurtado | Imagen: Mapa del sur de América en 1826, tras los movimientos de independencia. Fuente: http://www.geografiainfinita.com

"El Octubre Cimarrón es una apuesta política por cuestionar el olvido impuesto", escribe Ana Hurtado en su nueva entrega de La Guagua, que esta vez consta de una valoración del Octubre Cimarrón y el cimarronaje, que "fue entendido como la insurrección (casi irracional) a un orden, sin enfatizar mucho en la crueldad que suponían tales lógicas de dominación. Los escapes, las conspiraciones, o las fugas constituyen una mínima parte de lo que podríamos entender como la materialidad del cimarronaje, en su trasfondo está la defensa por una humanidad arrebatada".

En 1958 Edmundo O’Gorman publicó la primera versión, de lo que años más tarde, se consolidaría como uno de los trabajos más importantes para la perspectiva decolonial de la historiografía mexicana. La interpretación primigenia de Edmundo O’Gorman respecto a la gran carga colonialista que se reproducía hegemónicamente desde la historia, se denominó como «conquista filosófica de América».

Posteriormente en las reediciones, el autor convertiría esa interpretación inicial en toda una disertación sobre el Nuevo Mundo como una invención, o, mejor dicho, como uno de los proyectos políticos más agresivos y crueles de una monarquía a punto de desplomarse. La invención de América es un libro que permite incursionar en la teoría decolonial, es una crítica oportuna y aún vigente al mestizaje como proyecto de configuración política y ordenamiento económico-cultural. Desde luego, no es el único trabajo que, desde una lectura tenaz aborda las construcciones del Estado-nación tras el mal llamado «Descubrimiento de América».

Encontramos, pues, que esta crítica emancipatoria, desafiante a un sistema económico atroz, es una constante en las epistemologías populares y subalternas de Abya Yala. Mucho antes de que la decolonialidad apareciera como una propuesta teórica metodológica para expandir las posibilidades de una justicia reparativa emanada desde la academia, muchos pensadores y líderes sociales de las muchas geografías que constituyen en gran espectro latinoamericano ya habían manifestado reflexiones contestarias a la hegemonía histórica, cultural y económica profesada por el colonialismo.

La crítica decolonial es más que un postulado teórico, o incluso, tal como muchos lo encuentran, una utopía. Atreviéndome a compartir una opinión muy subjetiva y presta para las críticas más ácidas, podría decir que lo decolonial ha sido una pulsión de vida que ha desafiado el destino manifiesto de la opresión, de ahí que desborde los márgenes de las definiciones unívocas. Más que la crítica a un sistema, lo es a un tiempo histórico, a una potencia cíclica que mantiene un engranaje de aniquilamiento sistemático y progresivo. Por ello, es tan importante arraigarse a la memoria colectiva, aunque eso muchas veces sean sinónimo de anclarse a una fractalidad que debe ser buscada y exhumada continuamente.

 A la decolonialidad le antecedieron muchos términos que también intentaron dar cuenta de ese carácter contestario y subversivo, el cimarronaje es un ejemplo. De manera estrictamente conceptual, el cimarronaje fue entendido como la insurrección (casi irracional) a un orden, sin enfatizar mucho en la crueldad que suponían tales lógicas de dominación. Los escapes, las conspiraciones, o las fugas constituyen una mínima parte de lo que podríamos entender como la materialidad del cimarronaje, en su trasfondo está la defensa por una humanidad arrebatada.

En “Una historia impensable: la Revolución Haitiana como no-acontecimiento” Michel Rolph-Troulliot enuncia una pregunta muy precisa: “¿Cómo se razona con la ira?”, este cuestionamiento, es quizá, una base elemental para recuperar el sentido filosófico del cimarronaje, para entenderlo no como un acto, sino como un sistema de pensamiento en constante evolución, generando respuestas ante la misma violencia poliédrica que aniquila, que borra, que deshumaniza, y que es inherente al colonialismo.

Los viajes de Cristóbal Colón significaron para Abya Yala un quiebre irreparable en todos los tejidos que la constituían, desde las relaciones comunitarias hasta el propio devenir histórico. El pasado fue reescrito por quienes llegaron a forjar un futuro sembrado en la extinción, en la ausencia y en la idealización importada de otro tiempo y otro espacio.

El año de 1492 es un rotundo parteaguas, y nos ha llevado muchos siglos comprender la grieta, intentar unirla en los espacios donde sea posible reestablecer una unión, a veces microscópica. Esa brecha se traduce en historia, en introyectar la opresión como algo positivo y ha costado mucho tiempo desenredar esos nudos donde se entrecruzan tantas ausencias y huidas.

 El activismo retomó el mes de octubre como una insignia para darle una presencia calendárica a la lucha antirracista. A través del lente afrocentrado, el Octubre Cimarrón es importante porque la fuga se encuadra en la línea histórica de los viajes de Colón. Es una ferviente apuesta por ir develando el derecho a la opacidad, como ya lo proponía Edouárd Glissant.         

Todos los países latinoamericanos adolecen de racismo. Es una verdad que concierne a toda la región, y que por supuesto, difícilmente es asumida. En República Dominicana esa semilla de hispanidad germinó exitosamente, al punto de negar las matrices afrodiaspóricas. En esas circunstancias adversas, el activismo afrodominicano sintetiza la lucha por el derecho a la memoria, una batalla política contra un olvido impuesto y regulado por el mismo Estado.

Durante todo el mes de octubre diferentes personalidades se convocaron para reflexionar, nombrar, recordar y ofrendar la memoria cimarrona, negra, afrodescendiente. Dadas las innegables circunstancias de la pandemia, este año la agenda cultural del Octubre Cimarrón de República Dominicana contó con múltiples conversatorios y conferencias magistrales donde abordaron temas que iban desde la historia, el patrimonio cultural hasta discusiones contemporáneas sobre derecho internacional. Este loable trabajo fue posible gracias a la colaboración de los colectivos afrodominicanos y antirracistas que, desde distintas trincheras, encabezan la defensa por la vida y la dignidad. Esta edición virtual no dejó de lado la discusión en torno a las polémicas políticas migratorias impulsadas por el Estado dominicano desde hace años.

El sábado 31 de octubre culminó esta jornada cultural antirracista con un concierto virtual amenizado por la música de artistas afrodominicanas como Maldita Vaina, y con una serie de intervenciones poéticas de escritoras como Michelle Ricardo, Bienvenida Mendoza, y Ketly Mars, por mencionar tan solo algunas. Los resultados de estos encuentros están disponibles en la plataforma de Youtube y pueden consultarse a través del canal de Acción Afrodominicana,

Cada una de estas actividades puso sobre la mesa temas importantes para repensar el valor de la memoria afrodiaspórica como un puntero para enfrentar el racismo estructural. Recordar (nos) en un espacio situado, en geografías precisas y en comunidad desde distintas miradas donde confluyen, orgánicamente, la filosofía, la antropología, la historia y otras tantas disciplinas que, si bien han abierto valiosas líneas de investigación, también han sido responsables de un proceso de alterización que convierte los lugares de enunciación en puntos centralizados de desplazamiento epistémico y simbólico.

El Octubre Cimarrón es una apuesta política por cuestionar el olvido impuesto. El derecho a la memoria es el derecho a la dignidad, recordar siempre es un proceso de recuperación ontológica, que reconstruye cuerpos biopolíticos y sociales y devuelve humanidad en los abismos más abrumadores.


*Ana Hurtado

Afromexicaribeña (1994) Egresada de Estudios Latinoamericanos, UNAM. Especialización en Estudios Socioculturales del Caribe Insular. Cronista, periodista y coleccionista de historias. En continúa reinvención.


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