¿Mamá, qué te gustaría ser si vivieras? Reflexiones sobre maternidad latinoamericana y ámbito laboral.

Diseño de imagen: Alex Scott

Con motivo del Día Internacional de la Mujer y en vista de que podemos tomar las calles por la crisis sanitaria, tomamos los espacios virtuales.

Vertedero Cultural lo hacemos todAs, todos, todxs.

Debemos admitir que el capital ha tenido mucho éxito escondiendo nuestro trabajo. Ha creado una obra maestra a expensas de las mujeres. Mediante la denegación del salario para el trabajo doméstico y su transformación en un acto de amor, el capital ha matado dos pájaros de un tiro.

Silvia Federici
Mafalda

Mientras bebía unos tintos con una prima hace un tiempo, surgió, en la plática, una preocupación que la tenía enajenada: resultó que detectaba desde su trabajo de Recursos Humanos en una compañía trasnacional, que el porcentaje de mujeres en puestos de CEO era mucho menor que el de los hombres. Además, que por algún misterio, las mujeres que ocupaban esos puestos, en su mayoría provenían de culturas europeas o anglosajonas que usualmente tenían un rango de edad que oscilaba entre los 32 y 36 años de edad. Su trabajo entonces era equilibrar ese porcentaje, sin embargo, había averiguado después de muchos intentos de sensibilización, que no se trataba de una discriminación de género o cultura, si no que, a pesar de todos los incentivos que podía ofrecer la compañía, en la realidad cuando alguna chica latinoamericana llegaba a ser CEO, rechazaba por sí sola el puesto.
¿Qué sucedía?, ¿por qué estas mujeres tan preparadas negaban estos puestos?, ¿qué era lo que las detenía si habían logrado llegar tan lejos? Después de un poco de investigación, mi prima descubrió que aquello que detenía a estas mujeres era el anhelo de ser madres. A pesar de estar completamente aptas y preparadas, a pesar de haber dirigido sus carreras académicas y laborales hacia ese punto y pese al beneficio económico que verían reflejado en su billetera, en algún punto entre los 27 y los 32 años, la disyuntiva entre avanzar en su carrera y ser madres a costa de abandonar a sus hijos en las manos de un niñera y la angustia de ser una madre de un casi adolescente de 20 años siendo una “anciana” de 50 años eran obstáculos reales no sólo para ellas si no para sus entornos familiares enteros. De manera que, aunque hubiera sido la meta mucho tiempo, ya al tenerlo de frente, la idea de tomar un puesto como CEO y ser al mismo tiempo madre de familia para las mujeres latinas era una opción que solo existía en el plano de la fantasía, mientras que para las mujeres de culturas anglosajonas o europeas, madres también, era una posibilidad perfectamente sostenible. Después de mucho analizarlo nos rendimos. Esa noche no resolvimos nada, pero aún así algo no cuadraba.
En otra ocasión una conocida de más de 40 años (que lucía de 26) me dijo dos cosas: “no me arrepiento de haber tenido a mi hijo a los 36, disfruté mi maternidad como nunca y pude seguir desarrollándome profesionalmente, sin embargo, un niño más que unir a veces divide, por eso mi marido me fue infiel. Él sufrió porque al nacer nuestro hijo, se sintió abandonado ya que todos estos años los cuidados eran para él y desde que llegó el bebé mi atención se dirigió al niño y a mi trabajo” , ¿él sufrió o,, cómodamente esperó a que su mujer maternara por dos y trabajara al mismo tiempo?
De la última encuesta realizada por el Sistema de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de México, resalta una de las problemáticas más grandes que agobian a la mayoría de hogares mexicanos y que se evidenció mucho más durante la pandemia: los cuidados y la crianza, han sido actividades casi exclusivas de las mujeres del hogar. No sólo de las madres, estas responsabilidades también siguen (en pleno 2021) recayendo en las hermanas, niñas y adolescentes que comparten una vivienda, ello sumado a sus propias jornadas laborales y la administración de la casa. Después de un tiempo entendí que el hecho de que una mujer completamente apta para tener un puesto regional en una empresa trasnacional se detenga al pensar en maternar, se vincula casi directamente al hecho de que asume que dicha labor titánica no sólo será un reto de fuerzas descomunales, sino que además, lo realizará sola y con el peligro de poner en riesgo su familia. Anhela trabajo y familia con las mismas fuerzas, pero acepta que no puede tener las dos. Si lo vemos desde esta perspectiva, frente a la adversidad que representa tomar un cargo tan importante, “está a tiempo” de mantenerse en el puesto que está con prestaciones de maternidad o de retirarse del ámbito laboral para criar a su primer bebé a los 29 años.
El debate sobre las maternidades y paternidades latinoamericanas en el ámbito laboral, económico y privado como parte del sistema de cuidados es un tema que tiene que ponerse en la mesa de las exigencias de las mujeres y las agendas feministas, hoy más que nunca. Es un tema que no sólo debe abordarse desde la perspectiva de Derechos Humanos y Perspectiva de Género, sino desde las trincheras de la economía, la cultura, la educación y el desarrollo de los países latinoamericanos. Debe ser un tema potente y constante en la educación de nuestras sociedades tanto para hombres como para mujeres. Los hombres deben ser integrados a las actividades de cuidados y crianza por igual si se busca genuinamente llegar a un equilibrio, no sólo de género sino de energías invertidas para la reproducción económica y para la estrategia demográfica. Falta mucho trabajo, pero para comenzar con pasos pequeños hay que comenzar por analizar tres paradigmas culturales (primero desde nosotras mismas) para lograr que nuestras parejas, familias y entornos sociales, laborales y académicos lo entiendan e integren.
En primer lugar, habría que replantearnos la noción cultural/biológica de temporalidad reproductiva de una mujer y su relación con la presión social de no ser una “madre vieja” o de “se te está yendo el tren” como decimos en México. Segundo, la romantización de los cuidados y la percepción cultural disfrazada de argumento biológico-científico respecto al vínculo que tiene sólo la madre con el bebé (que excluye cómodamente al padre de la labor de cuidados y crianza).Tercero, analizar y cuantificar desde una perspectiva económica y de división sexual del trabajo, las triples jornadas que debe cumplir una mujer si quiere trabajar/estudiar, maternar y administrar el hogar al mismo tiempo (esto último vinculado a la ausencia en la ecuación del apoyo masculino).
Pero mientras esos cambios culturales, laborales, económicos y políticos suceden, hay que considerar personalmente lo siguiente:

  • Cuestionarse el paradigma biológico y de temporalidad.

Existen muchos ejemplos de mujeres que decidieron destinar su carrera laboral y académica a sus 20’s y la maternidad a sus 30’s y les fue de maravilla (Kim Gordon, mi conocida citada más arriba, mis primas, la mamá de una de mis mejores amigas…). Ser madre en los 30’s debe dejar de ser un prejuicio acompañado de argumentos culturales/biológicos obsoletos. La medicina, junto con las expectativas de vida de la sociedad, se han modificado y adaptado, los tiempos son distintos.

  • Un cordón umbilical no es una medida de distancia para ejercer la paternidad.

Poco a poco algunos hombres comienzan a reflexionar sobre sus responsabilidades como padres y empiezan a exigir prestaciones económicas y temporales que competen a su derecho de ejercer la paternidad, pero son contados. Hace falta un trabajo colectivo intenso de concientización en los ámbitos globales, nacionales, locales, y sobre todo en la cotidianidad para lograr que los hombres se involucren justamente en las dinámicas de crianza, cuidados y administración del hogar. La gestación y lactancia solo duran un periodo, las maternidades y paternidades duran para siempre.

  • Anteponer a nuestros deseos románticos el análisis de ciertas dinámicas con nuestras parejas.

Es preferible prevenir que lamentar: “un hombre que no es funcional como individuo, busca ser maternado”, mantra. Si al buscar establecernos con una pareja, no nos concientizamos al respecto y no consideramos la ausencia de funcionalidad como una piedra filosa en el zapato de nuestra relación, a los pocos años estaremos exhaustas y frustradas viendo las consecuencias. Dejemos de romantizar el cuidado y el maternar a nuestras parejas.
Estos son sólo tres puntos que podemos comenzar a concebir de forma personal para llegar a un análisis mucho más amplio y complejo, para comprender lo que implica construir una sociedad más justa que nos permita desarrollarnos en todos los ámbitos que queramos de nuestra vida sin tener que sacrificar uno u otro sueño sólo por ser mujeres. No existen obligaciones biológicas, son conceptos culturales disfrazados de ciencia. Al final del día buscamos tener las mismas oportunidades, buscamos decidir para vivir, sentirnos felices y completas. El primer paso es visibilizarlo, el segundo es aceptarlo para interiorizarlo para entonces, con todas nuestras fuerzas, poder defenderlo.

Lucía Di-Bella

Lucía Di-Bella

Soy antropóloga, mexicana, virgo ascendente virgo y señora de las plantas. Mis temas de investigación favoritos son la niñez femenina y la relación entre mujer y trabajo. Tengo una iniciativa de lectura y escritura para niñas llamado Proyecto Mandrágoras. Amo leer, viajar, caminar en el bosque, meterme en cascadas, prender palo santo y adoro a mi gatita Circe.

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