Gente Normal

Diseño de imagen: Alex Scott

Con motivo del Día Internacional de la Mujer y en vista de que podemos tomar las calles por la crisis sanitaria, tomamos los espacios virtuales. 

Vertedero Cultural lo hacemos todAs, todos, todxs.

                                                KV.

Asumida como gente normal, cada día que despierto me doy más cuenta de ello… estoy segura.
Todo lo que vivo, todo lo que sueño, todo lo que no vivo me atrapa. Cada día, las manecillas del reloj viajan más rápido (eso del tiempo y del espacio me causa más risa que miedo).

Cuando era pequeña, la gente que platicaba con mi madre le decía claramente: “su hija es especial, se convertirá en alguien grande” y así, con esa palabra tan GRANDE se complicaba mi pequeña existencia. Era cierto que no me gustaba jugar a las muñecas, ni a la comidita, no me gustaba juntarme con nadie, no me gustaba hablar, era una niña extraña para todos los seres mayores a mi inocencia, pero eso no significaba que fuera especial. Yo, más bien, diría que era una niña un poco triste; me gustaba observar y escuchar todo lo que me rodeaba, había lindos momentos y también hubo muchos grises, llenos de lágrimas de cielo, caricias ansiosas de eliminar el vacío, besos cansados y fraternidades falsas. Tal vez mi cabeza y mi corazón no dimensionaban lo que observaba, pero me dolía, me dolía ver la tristeza y el cansancio en los ojos de mi madre, admiraba su forma de afrontar lo que le sucedía a ella y a su mundo y también me enojaba, me enojaba mucho darme cuenta que las cosas se asumían así… normales.

Recuerdo que me gustaba bajar a la casa de mi abuela, la soledad y el silencio que se respiraba ahí me hacían sentir un poco de tranquilidad. Me sentaba junto a ella y la escuchaba leerme su vida plasmada en una libreta de apuntes y poemas que guardaba para ella y para mí, en algunas ocasiones también les leía a los otros, pero eso no importaba, yo sabía que casi siempre esos secretos eran míos y de ella, a la fecha están en mi librero y en mi corazón.

Mi abuela también era gente normal, como mi madre. Llena de recuerdos vivía de su pasado, aunque siempre previniendo el futuro. Llena de miedos, vivía para los otros y no siempre se estaba de acuerdo con su rumbo, pero todos lo seguían para no perder la perspectiva de una familia que tiene una vida común.

Mi casa se empezó a llenar de gritos, de rencores y de miedos, pero mi madre se encargaba de unir cada eslabón para mantener esa cadena recta y no perdernos. Yo guardaba más silencio y lo disfrazaba de rebeldía probando al mundo que era una joven como cualquier otra. Entonces, hacía lo que el mundo ve normal para encajar en él, pero día con día venía a mi mente esa frase que le decían a mi madre sobre mí y que ella creía firmemente. Las personas normales me exigían sentirme diferente y especial, yo me dedicaba a correr y para el mundo parecía una persona normal que saldría adelante para volar alto.

Aparecieron los libros en mi vida y la música y la poesía; ya no sólo la escuchaba o la leía, ahora era capaz de jugar con las palabras para plasmar mi vida en ellas; luego la vida de otros y así, escribiendo, llegó el momento de elegir lo que quería ser y todos esos sueños escondidos y el peso del mundo me llevó a decidir un futuro realmente incierto.

Ahora no soy nada de lo que una vez, con todo y convicciones, decidí que sería.

Tengo una vida normal para esta sociedad de cambio: rento una casa, tengo un esposo, dos hijos, amigos como familia, pero que he elegido, un trabajo y muchos sueños realizados y otros tantos sepultados, un trapeador y una escoba, una computadora y un libro, muchos intentos frustrados por salir de la cubeta y muchas ganas de no escribir de erotismo ni de besos ni de vidas. Asumo que he preferido vivir el amor en cada rincón de mi mundo y en cada recoveco de mi existencia como una persona normal que decide amar a pesar de siempre estar cansada para ello, asumo que he dejado de pensar que soy esa que esperan que sea o que piensan que soy. Asumo que me gusta ver el sol, sentir el viento en mi cara y las pequeñas manos de mis hijos, los abrazos de mi madre, los besos de mi compañero y los recuerdos. Esta soy yo, ama de casa cansada, ciudadana del mundo enojada, burócrata gris con algunas chispas de color, mujer enamorada de mis sueños y triste por los fracasos, sigo volteando a ver el cielo pidiéndole a un Dios fortaleza. Asumo que amo a mi esposo aun cuando lo odio, asumo que estoy viva, que soy una persona normal como cualquier otra y que este macromundo es mejor vivirlo con calma, aunque la prisa me exija lo contrario.

Especial, no lo sé, extraordinaria… tampoco, sólo soy yo viviendo lo que soy como toda la gente normal.

Hoy

Ahí, donde las mariposas comienzan el vuelo, donde el tiempo corre para no detenerse y los capullos se confunden entre las hojas, donde lo relojes confirman tu tiempo a pesar de los cuentos, en donde nace esta maldita necesidad de despertar y de saber que aún existe una chispa que encenderá aquello que un día ardió, con esto no me refiero al amor, es esta insoportable levedad del ser en la que tanto se convierte en demasiado, las palabras saturan la existencia y la mediocridad se vuelve ligereza.
Ahí, donde escuchamos el absurdo eco de la risa de un bufón que nos cuenta chistes malos y despista a la tristeza; ahí estoy yo, con la esperanza marchita susurrando al oído que no deje de soñar, con las ganas perdidas añorando escapar, con la vida acabada, estropeada, aniquilada por palabras que se esfuman cada día y que empañan los cristales transparentes del destino.

Ahí, donde el tiempo no para, donde el viento te sopla en la cara, donde cantan los grillos a pesar de los gritos de las bestias, ahí estoy yo, buscando la libertad que perdí cuando nací.

Lucia Yunuen Cabellero Bautista

Lucia Yunuen Cabellero Bautista

Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, Maestra de Literatura, Promotora Cultural, Narradora Oral, Coordinadora del movimiento Trovándaro. “La canción vive” en Morelia.
Amante de los libros y la vida, del olor a café y a duraznos en almíbar, de la poesía y de los cuentos, de la música de protesta y de contenido social, de respirar profundo y ser consciente de que puedo hacerlo.

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