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"La novela o la narrativa también es un espacio político, la escritura es un acto político"

Una entrevista con la escritora Sylvia Aguilar Zéleny por la reedición y reescritura de El libro de Aisha, publicado por Literatura Random House en 2021.

15 de marzo de 2021.

“Hace más de cinco años se fue con jeans, camiseta y chaqueta de piel. No, no puede ser ella, ella la del rostro tímido que se asoma desde una tela interminable; ella, la de la cabeza cubierta. No puede ser, ¿o sí?”, así transcurre uno de los primeros párrafos de una de las novelas que seguro me acompañará por muchos años, de Sylvia Aguilar Zéleny (Sonora, 1973). Detrás del libro hay una autora con firmes convicciones políticas que refleja en su escritura sin que esta sea panfletaria, se trata de una autora que escribe desde su intimidad para denunciar y entablar el diálogo sobre temas que todavía debemos continuar reflexionando en un país tan profundamente machista como el nuestro. Es una autora que no busca la gran narración, el libro de libros, ella busca el relato íntimo, los personajes que sufren en su discreta cotidianidad, lo acontecido dentro de la casa, aquello a lo que pocas veces le prestamos atención y, sin embargo, configura nuestra vida.

Minutos antes de la entrevista me sentía nervioso, fui a la cocina 3 veces por agua. Probé la grabadora más de una vez, pero todo ello se disipó con la calidez de la autora, quien escuchaba con atención mis preguntas y me daba una respuesta que englobaba muchísimo más de lo que pedí.

La entrevista es una forma de diálogo, de extender la lectura de un libro y también, para mí, es una forma de aprendizaje literario. Hace casi tres años la persona que fue yo entrevistó a la autora de hace tres años por su novela Basura (2018, Nitro-Press) y desde luego que hoy me encontré con otra autora. Me muero de ansias por saber a qué Sylvia me encontraré en el futuro, si tengo la oportunidad de entrevistarla de nuevo.

***

Iván Gómez (IG). ¿Se trata del libro de Aisha, el libro de Sylvia o el libro que retrata la intimidad de una familia mexicana en una época que ya fue?

Sylvia Aguilar Zéleny (SAZ). Qué bonito que lo planteas así. Inicié ese libro con la idea de “quiero hacer un libro sobre esto que ocurrió”, fue como en 2004- 2005, tuve una beca, fui a un laboratorio con Cristina Rivera Garza y otros profesores, en ese momento era una novela con narradora omnisciente, capítulos, otros nombres y tal, pero fue un libro que no floreció. Tuve un FONCA donde aprendí otras cosas y llegué a la posible decisión de que debía estar mi nombre y el nombre de mi hermana porque no hacerlo era invisibilizar una vez más lo que estaba ocurriendo. Creo que estaba escribiendo el libro de Aisha y en el inter me di cuenta de que tiene que ver más con cómo habité la ausencia de mi hermana. En ese caso y con este cierre, siento que también es el libro de Sylvia, y Aisha y Sylvia, o Patricia y Sylvia, a fin de cuentas pertenecen a una familia, y también las separa la familia que Patricia decide formar. Así que, en cierta manera hay un asunto en la novela que podría decir que tiene que ver con las políticas de la familia, las políticas de la sociedad, del patriarcado y de alguna manera la religión, pero sí, dentro de todo está el núcleo familiar.

IG. Aprovechando que mencionas los diferentes procesos por los que pasó, me llama la atención que tu actividad profesional sea la docencia en la escritura creativa porque en México casi no tenemos esas carreras, están más enfocadas en los estudios literarios, ¿crees en los géneros? ¿Cómo catalogarías tu libro?

SAZ. Creo que es importante conocerlos, es como aprender el alfabeto. Soy fan número 1 de Aristóteles (tengo una amiga que es fan de Platón y siempre decimos que ella es platónica y yo aristotélica), él dice: ¡todo es poesía!, nada más que hay diferentes funciones… esa palabra: función, la función de compartir la vida de personajes o las odiseas de personajes o algo personal lo dividía en poesía lírica, poesía épica, poesía dramática, pero a fin de cuentas hablaba de las funciones. Cada vez más he dejado de pensar en géneros en el sentido de hacer una cosa u otra sino más bien en su hibridación: cómo jugar con ellos. Creo que no puedo decir que esta es una novela aunque lo es: adopto la forma de novela para hacer autoficción en todo caso, creo en los géneros pero creo muchísimo más que es a partir de conocerlos bien, de ser súper lectore y cuestionárselo todo que se puede una dar el lujo de jugar con ellos: de mezclar e invadir territorios: en el libro de Aisha hay poesía, hay documento, hay testimonio: apelé a que los géneros, como decía Aristóteles, están ahí porque tienen una función. En ese caso los agarré porque eran necesarios para poder contar la historia que quería contar.

IG. En muchos de tus libros anteriores siempre hay elementos marcadamente autobiográficos pero circundados por la cortina de ficción, en este caso no, ¿cómo manejaste la escritura sin esta cortina?

SAZ. Diría que en cuento está velado, en Nenitas hay cosillas, en No son gente como uno hay, pero ya en Una no habla de esto había utilizado mi nombre, el libro se publicó en Tierra Adentro hace siglos, creo que lo hice un poco inconsciente: para realizar el juego que quería hacer tenía que ser así. Pero en ese momento no sabía que estaba haciendo autoficción, no sabía cómo hacer novela y la única manera de hacerlo, para mí, era jugar con el género y hacerlo como si fuera un diario. Pero con este libro, y creo que al menos con los dos que siguen, ya está mi nombre porque creo que parto de lo personal para poder explorar otras cosas, no solamente es: quiero que escuchen esta historia, así como Silvia Pinal: quiero que escuchen esta triste historia… no, es más bien como: esto que observé, que vi o viví en casa me sirve como experiencia personal pero también como una manera de acercarme y construir un diálogo que me parece que necesitamos tener —todavía, a estas alturas— sobre la violencia de género, sobre la violencia doméstica, sobre el silencia, sobre la ausencia y demás; creo que el mejor paso que pude hacer es no solamente decir: “este es mi nombre”, sino permitirme abrir esa ventana, un poco lo que se asomaba en esos cuentos. Es como salir del clóset de las emociones, yo creo, de los secretos de familia.

IG. Aisha es la punta del Iceberg de una serie de sucesos que están debajo. Apela mucho a esta ley de ir siempre a lo particular para lograr cosas universales: una historia tan íntima que nos permite reflexionar sobre la violencia de género, las relaciones familiares…

SAZ. Tengo una cosilla con la idea de universalidad, a lo mejor es que es mucha responsabilidad. Pero sí creo que quien no haya leído algo así… recibí un mensaje de alguien que me dijo: “leí el libro y sólo quiero abrazar a mis hermanas”, te remueve cosas. Creo que, más que el sentido de lo universal es lo colectivo, apelo a eso: cómo vivimos los afectos, cómo vivimos la ausencia de ellos y cómo los negociamos a fin de cuentas.

IG. Conectamos rápido con el libro porque es muy fácil conectar con el personaje, con Aisha, quien fuera Patricia, pero también por el choque cultural que nos representa el Islam, que de inmediato genera un interés, pero aún sin este choque sería muy fácil entender el libro porque, quitando el hecho de la lejanía geográfica, no hay mucha diferencia entre el Islam y lo que hemos vivido en México, sólo que en aquí lo vivimos desde la intimidad, y con los peligros que eso conlleva, del hogar: la opresión machista. En México el velo no se ve pero existe. ¿No es acaso que aquí vivimos escenarios similares y eso da pauta a lo que vive Aisha?

SAZ. Sí, absolutamente. Como es un proceso tan largo, tampoco quiero decirte que estuve 15 años escribiendo el libro, ¡lo abandoné muchísimo tiempo! El libro necesitaba que yo estuviera lista para muchas cosas y está bien, en una de las versiones del libro había muchísimas cosas del islam, tú no sabes lo que tuve que leer, investigar, escuchar… hasta que me di cuenta de que no necesitaba contar el islam para que se comprendiera esto otro. Y por otro lado pensar que aquí el responsable de todo esto que ocurre no es el islam sino la forma en la que generan su relación estos dos personajes, también creo que eso fue el motor y el descubrimiento en el libro: esto que le pasó podría pasar, está pasando, va a pasar en el Estado de México, en Baja California, en Sonora, en tanto no discutamos y hablemos y pongamos un pie al respecto. Creo que eso también me empujó a pensar: estás poniendo tu nombre, pero no es tu historia, es una historia que hemos visto de lejos o de cerca.

IG. El libro es un retrato que nace desde lo íntimo, ¿y es también una forma de denuncia?

SAZ. Por supuesto. Ya no puedo hacer otro tipo de libros y volverme a reír como lo hice en algunos cuentos, pero para mí ya no hay regreso, creo que la novela o la narrativa también es un espacio político, la escritura es un acto político, y por supuesto que, sin que sea panfletaria, en la novela está eso, es algo de lo que me interesa que hablemos.

IG. En el libro veo dos viajes: el viaje que recorre Sylvia, donde está un poco sola, en la búsqueda de su hermana, de ella misma, y además el recorrido de la escritura, que, como lo has mencionado, te ha llevado quince años. Entonces, con dos viajes tan longevos en diferentes magnitudes, ¿cómo sabes que ya has llegado al final de la escritura?

SAZ. Qué curioso, me lo han preguntado varias veces. La versión anterior de Enjambre literario de alguna manera tiene el mismo cierre, pero aquí hay algo ligeramente más profundo y que acomodé de otra manera. Estoy contenta con esa primera edición y tuvo su efecto y se leyó, y no es que el libro haya sido malo, pero creo que en esta edición terminé de decir lo que quería decir y creo que además el filtro del feminismo a fin de cuentas, los lentes del feminismo, me ayudaron a acomodar ciertas cosas: hay una pérdida y ni modo, está bien, esa ya no la puedo sanar. Llegó un punto en que supe que estaba escribiendo todo esto para entender algo que ni mi hermana misma podría contestarme. Salí a buscar respuestas, no las encontré, pero encontré otra serie de cosas. Supe que el libro estaba listo, como en otros proyectos, porque ya acomodé, ya cerré las otras cosas, detalles, edición y demás. Siempre pienso cuál es el posible final y es el que me sirve como un faro que se está asomando, y no sólo el propósito que tenía en mente, sino que me doy cuenta de que llegué más allá. Esto es lo que tenía en mente, salió, pero salió incluso un poco más y eso es lo que estaba buscando. No el final que yo quería sino el que el libro necesitaba, a fin de cuenta estamos en función del libro. Llegué a lo que querías y más allá, ahí es cuando dices: “ok, ahora sí ya está”.

IG. En algunas entrevistas a Amparo Dávila ella decía que podía pasar años sin escribir y de repente retomar la escritura casi como de la nada. Hay algo muy interesante que escribe Pacheco en la introducción de La sangre de medusa: retomó cuentos de la adolescencia desde con la mirada del escritor ya maduro: una batalla constante consigo mismo. Aquí tenemos el comienzo de la escritura muchos años atrás y en el proceso hay una maduración literaria con el resto de las publicaciones de tu obra, ¿cómo te relacionas con la escritura y cómo confrontas a la autora que fuiste en el pasado?

SAZ. Qué bonita pregunta, la agradezco un montón. Con este libro me gustaría decir: no paré de escribir 15 años, ¡claro que lo abandoné, y lo dejé!… estaba hecha a la idea de que ese libro no estaba y no iba a estar, pero hubo otros procesos, otras lecturas, que me ayudaron a volver a este: cuentos, ideas, y demás, Creo que así como personas maduramos y crecemos también como escritores, estoy a favor de la reescritura, creo que ahora más que escribir estoy reescribiendo. Si todo sale bien, el año que entra se publica una reedición corregida, revisitada con los ojos de ahora de Una no habla de esto, sigue siendo la misma trama pero son los ojos de ahora. Me encanta que la editorial haya dicho: “haz lo que tú quieras”, porque es una oportunidad: vas creciendo y vas tomando otras estrategias y técnicas y vas abriendo y reconociendo tu lenguaje. Por eso es difícil decir cuándo terminó: es algo que siento, no lo puedo llamar pero sé que lo siento, porque implica una lectura, edición y una reflexión de hacia donde quiero llevar esto, así que un poco como Amparo, puedo pasar semanas enteras o meses sin estar escribiendo pero no estoy no escribiendo, siempre está acá [señala su mente], siempre están las clases, las notas, o en lo que leo. Subrayo y hago mis notas cuando estoy leyendo y sé que todo eso, o ir a caminar incluso, finalmente va a desembocar en un texto. Te digo: paso meses sin escribir y cuando me siento van a ser 5, 7 días que voy a estar diario visitando la página y leyendo y rearmando. Y luego tal vez venga un descanso. Mi proceso es generar, generar, generar y cuando ya está a punto de estallar ahora sí sentarse a escribir, asumiendo que esa primera escritura va a ser catártica y es sacarlo todo, lo que sigue es mi parte favorita: editar, que es cuando me siento y digo: “esto va, esto es capricho, esto sí se necesita”. Entonces el texto deja de ser mío, no estoy escribiendo en función de lo que quiero hacer, sino de lo que el texto o los personajes necesitan, uno crea personajes, pero porque los creas con ciertas condiciones ya no puedes obligarlos a que hagan cualquier cosa, van tomando sus rumbos. Es un poco como ser testigo e irlos acompañando a ese fin que tenías en mente.

IG. Aún con una escritura completamente relacionada con lo vivido, ¿tuviste que crear personajes?

SAZ. Sí, absolutamente. Y creo que era lo que me detenía mucho, decía: es que no sé qué onda con esta parte, no sé qué habrá pasado. O con la hermana [de Sayyib], por ejemplo, nunca la pude localizar, era imposible localizarla, y no sé si aunque la hubiera localizado se habría animado a hablar conmigo, decía: “ya, fracasé, ya, olviden el libro”… Hasta que recordé que existe la ficción, que es para mí el primer camino, y dije: bueno, si no lo tengo lo invento, y no lo inventas de la nada, algo que me sirvió muchísimo, y apliqué ahí un Nona Fernández, fue la especulación: alguien que creció en el islam y es doctora significa que es alguien que rompió con la familia, significa que es alguien que hizo tal o cual cosa y demás, entonces en la hermana hay muchísima especulación más que invención. Partiendo de lo que sí tenía de mi hermana se escribió esta novela, partiendo de lo que sí sabía de la mujer de la pensión pude crear su texto. En la versión de Enjambre la mujer de la pensión no habla, yo hablo a través de ella y para esta versión dije, no, en primera persona, piensa cómo sería una señora que trabaja en una pensión: sí hay personajes inventados en cierta medida, basados en, y jugando con la especulación, porque había un propósito, necesitaba este testimonio para llegar a esta otra cosa, fue algo estratégico crear estos personajes: mis hermanos no son gemelos, pero para que pudiera construir esta idea de cómo era su relación tan íntima, tan cercana, decidí ponerlos como gemelos, para mí era la única manera de explicarle al lector lo cercanos que eran, y cómo eran como entidades que se movían juntas. A fin de cuentas, es una estrategia: para poder contar lo que quiero contar apelo a esto.

IG. ¿Qué hay de la memoria? ¿Cómo influye en un proceso tan largo?

SAZ. Siento que la memoria es el lugar en el que menos deberíamos confiar en realidad y al que le dejamos un valor y una tarea enorme, decimos: “es que era grandísimo, era enorme, era maravilloso”, y no lo era, creo que en la memoria depositamos nuestra vulnerabilidad o nuestras expectativas de vida, así que es un espacio no necesariamente fiable, pero es precisamente su no fiabilidad lo que nos permite jugar de nuevo con la ficción. En mi caso no puedo decirte que desde niña quería ser escritora, eso llegó mucho después, pero era muy observadora; puedo no saber qué encargué de mandado ayer pero me acuerdo de las cosas porque soy muy visual, entonces creo que la memoria en buena parte del libro estuvo a mi favor y puede que no me acordara de cosas gigantescas, pero sí de momentos, como hace rato dijiste: puntas de iceberg. En la novela hay un momento en el que se habla de una fotografía, y yo recuerdo perfectamente la foto: cómo estábamos acomodados todos, cómo mi hermana estaba ligeramente distanciada, como si ya desde entonces se estuviera yendo, y no me acuerdo ni del antes ni del después, ni por qué la tomamos ni nada pero ese momento me sirve muchísimo en el libro, creo que lo que sí tenía, en términos de que la memoria sí estaba casi completa, no verdadera tal vez, pero sí honesta, me sirvió para elaborar. La memoria como género, que apela a temáticas, también me sirvió.

IG. En el libro veo como elementos tácitos la pérdida de la juventud y sus implicaciones, ¿cómo explicamos que las ideas revolucionarias, las ideas más transgresoras, se pierdan? En una joven, como lo fue Patricia, al adjuntarse al islamismo, pero en otros escenarios, bastante comunes, en matrimonios asfixiantes, en trabajos que te quitan el alma… ¿estamos condenados a que la mentalidad transgresora se quede con la juventud?

SAZ. No, creo que no. No sé qué tanto lo transgresor, pero nuestra manera de acercamos a las cosas se mantiene, creo que somos muy duros: “ah, yo quería ser esto y ya no lo hice”. Mi hermana, el personaje y la persona, estaban súper entregadas al movimiento estudiantil en Sonora: leer, marchar. Y esa misma entrega la llevó a algo más: a la religión, llegó un momento en el que mi hermana era mucho mejor musulmana que él, sabía un montón de cosas. Cambiamos la particularidad, la revolución la cambió por la religión, pero tenemos la misma entrega, o el mismo deseo, creo que más bien tiene que ver con cómo crecemos o cómo vivimos o cómo gestionamos nuestro lugar en la sociedad, creo que cada quien es transgresor a su manera y a su medida, yo no marché ni estuve en el movimiento estudiantil pero considero mi práctica docente como activismo, porque los hago leer más mujeres, los hago cuestionar, traigo libros con determinadas ideas políticas.

IG. La asesora de la tesis de Syl le dice tajante que esta es una escritura que no conviene hacer a solas, pero Syl está constantemente sola, aunque esté con alguien, sabemos, gracias a tu nota final, que no estuviste sola en la escritura, y sin embargo se nos ha dicho que la escritura es un ejercicio solitario, ¿cómo has equilibrado la parte solitaria y la parte colectiva?

SAZ. Creo que eso es la semilla de Casa Octavia, mi otro proyecto, crecimos con la idea de que la escritura es algo solitario y desde hace muchos años para mí ya no lo es, y en medida en que para mí ya no lo ha sido ya no lo ha sido tampoco para mis amigas. Creo que uno está escribiendo y tal, pero al siguiente día le mandas una nota a tu amiga y le dices oye qué piensas de tal cosa, o que nos tallereamos entre nosotras. Algo que pasaba en las primeras versiones del libro es que había muchísima soledad del personaje y de la escritora, tampoco sabía a qué autores apelar para escribir lo que tenía en mente, no tenía en México un referente de alguien que hiciera algo así, las referencias vinieron de otro lado. Pero creo que esto que se detonó a través del #Metoo en México es una red de compañerismo y de compañerismo entre mujeres, nos estamos compartiendo, estamos haciendo talleres, intercambiando textos. Tengo una amiga con la que, ahora en la pandemia, nos conectamos en Zoom y cada una está escribiendo lo suyo pero no estamos solas, es como cuando leemos libros: leemos libros para aprender de esto, comento con mis amigas porque como en terapia, cuando hablas en voz alta, tú misma te das tus respuestas y encuentras soluciones, así que creo que esta última versión de Aisha tuvo mucho acompañamiento, en principio de mi editora de Random, mi amiga Martha Elena, Sara Uribe: tuve con quién hablar y acomodar lo que quería.

IG. ¿Cuáles son tus referencias para la construcción de este libro?

SAZ. Son un montón, pero me voy a quedar nada más, de momento, con una autora. Porque hay muchos autores, autoras, y también libros de texto, yo pensaría que haber caído con Vivian Gornick, The situation and the story, me ayudó montonales, Phillip Lopate que habla también sobre cómo escribir no ficción, en la parte teórica fueron aliades; pero me quedaría esencialmente con Maggie Nelson, quien escribió un libro que se llama Jane: a murder, que para mí fue el primer libro de investigación, número uno, que además estaba en verso, es un libro de poesía con prosa, con sueños, con documentos, con cartas, lo leí en 2007 y para mí fue como: “ah, ¿se puede hacer esto?” Eventualmente caigo con Nona Fernández y encuentro en cada una de ellas maneras de llevar esto… Rivera Garza, obviamente. Para mí el primer punto de quiebre (un libro que está apelando a todos los géneros para poder contar la historia de quiebre, del asesinato de una mujer) es este que te digo de Maggie Nelson, y a partir de ese empiezas a generar conexiones, llegué a una serie de autoras y autores que estaban haciendo lo que yo no sabía que se podía hacer y que están aquí, en el Libro de Aisha pero yo sé que en Basura también es el resultado de esas maneras de jugar con el texto.

IG. En el largo proceso de escritura, ¿qué significa la publicación?

SAZ. Cierre. Aterrizar no sólo que acabé el libro, acabé un proceso personal, no quiero decir que sané todo sino más bien que aprendí a vivir con la ausencia, por más que indagas en el pasado no recuperas el presente, el presente se hace en el presente. Así que creo que cierro un ciclo y al mismo tiempo abro otro. Más que hablar de escribir novela yo hago libros. No sé si regrese al cuento, por ejemplo, ahorita ya no tengo ese antojo, pero me quedo con esa sensación de que cierro un ciclo personal y abro otro escalón literario y profesionalmente. Que esté en Random, no lo puedo negar, me da un montón de felicidad y orgullo por la difusión y la promoción que se le da al libro y la posibilidad de llegar a otros lugares.

IG. ¿Qué es eso que viene en ese nuevo escalón?

SAZ. Estoy trabajando en dos libros, para variar, siempre trabajo en dos libros al mismo tiempo. Trabajo en la reescritura de Una no habla de todo esto, el título es igual pero el no está tachado, ahora es Una no habla de todo esto, el plan es que salga el año que entra. Y estoy trabajando con un libro sobre mi madre, mi madre murió de cáncer en 2014 y era muy particular, y aparece en el libro de esa manera, soy la menor, me tuvo casi a los 40 años, yo digo con mi hermana que tuvimos diferente mamá. Ahora estoy haciendo una colección de datos de mi mamá, el libro es una lista larguísima que se llama mother of fact que tiene que ver con el ser madre, con el ser profesora normalista, con el haber vivido en México y luego en la frontera, con las madres de mis amigas, con mi ser madre y con las autoras que han tocado el tema. No te puedo decir que es un libro sobre maternidad, más bien creo que es un libro sobre cómo ser hija y de cómo encontrar quién era este personaje con el que siempre viví y que de todas maneras no conozco del todo, de nuevo eso: no ficción, y está mi nombre, pero aquí también estoy indagando, creo que la historia de mi madre es la historia de las mujeres en México, de las mujeres profesoras de primaria en México. Observar a partir de este personaje, de esta persona, qué otras cosas nos atañen.

IG. ¿Cómo ha sido en tu escritura la convivencia con dos lenguas?

SAZ. Un poco lo que te decía con los géneros: están ahí y los reconozco, necesito conocerlos para romper con ellos, un poco me pasa con la frontera, creo que eso me hizo repensar las fronteras entre géneros, entre lenguajes y personajes y personas. Ser bilingüe me abrió a libros y autores que no estaban traducidos en su momento, y lo sigue haciendo, a veces siento que mis referentes estaban más en inglés o de traducción al inglés, ha sido una condición para mí muy importante: vivir en la frontera es como estar verdaderamente en el vértice del mundo, porque hay muchas cosas que se conjugan acá a nivel político, social, la gente en la frontera tiene cierta personalidad, está todo el tiempo oyendo los dos idiomas, te abre una percepción a todo lo que no es yo. Creo que la frontera me hizo repensar más mi lugar en el mundo en función de quienes me rodean, de la otredad. La idea de cruzar la línea: cruzar la línea en el párrafo, en el libro, en el género, en el lenguaje, en Nenitas el bilingüismo se vuelve un idioma, en Todo eso es yo ocurre lo mismo. Creo que es algo que me define ya no sólo como escritora sino también como persona y como profesora: ser consciente de que somos mucho más de lo que creemos.

IG. Hace dos años cerraba preguntándote qué es literatura para ti, y creo que es un buen ejercicio preguntárselo a la autora de hoy.

SAZ. Creo que es activismo, es una forma de dialogar, de establecer diálogos que no son posibles de otra manera y de hablar de cosas con más de una persona, creo que también es un poco de activismo desde las posibilidades del lenguaje y la estética.

Iván Gómez

Iván Gómez

Iván Gómez (Puebla. 2000). Narrador y columnista. Ha participado en diferentes medios electrónicos e impresos como La Jornada Aguascalientes, http://lasantacritica.com, entre otros. En 2017 obtuvo el segundo lugar en el Sexto Concurso Nacional de Cuento para Preparatoria convocado por la universidad Iberoamericana. Coordina el sitio electrónico https://vertederocultural.wordpress.com. Es columnista semanal en https://neotraba.com. Actualmente estudia Literatura Intercultural en la UNAM.

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