Todos los personajes del mundo: Palinuro de México

Fotografía histórica al resguardo del Archivo General de la Nación
Fotografía histórica al resguardo del Archivo General de la Nación
02 de octubre de 2021 || Juan Jesús Jiménez reseña Palinuro de México, del Cervantes Fernando del Paso, una novela convulsa que hacia el final de la novela retoma un momento de 1968.

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Todos los personajes del mundo: Palinuro de México

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Al iniciar nos vemos inmersos en una narración azarosa y llena de palabras sacadas de un diccionario médico, probablemente no entendemos todo lo que se menciona y, sin embargo, vemos frente a nosotros la casa del tío Esteban en todo su esplendor onírico. Palinuro de México, la segunda novela de Fernando del Paso, es una obra extensa, difícil tanto de leer como de asimilar, no sólo por la cantidad absurda de referencias, sino por la forma tan asombrosa en la que las palabras parecen desbordarse de las páginas cuando entramos en la perspectiva del protagonista. Publicado en España en 1974 —algo curioso, siendo que la obra es Palinuro de México y no de España—, fue traída a México en 1977 por el Fondo de Cultura Económica y desde entonces ha tomado su lugar como una de las novelas más entrañables y notorias de las letras mexicanas o bien, “una catarsis, un huracán”, como diría Elena Poniatowska.

Portada de la novela

A veces no queda claro quién cuenta qué pues siempre andamos rondando los mismos eventos con más o menos detalle; desde la ocasión en que El perro andaluz es referenciado en un ojo de vidrio, hasta enterarnos de la buena y mala leche del Molkas. Pero en general la narración sigue dos historias, la de Palinuro —que a veces se parece mucho a Fernando del Paso— y la de Estefanía, prima del protagonista e interés romántico.

Vemos narrada en la niñez un elemento muy propio de la época en la que Palinuro fue escrita, con un realismo mágico y circundante a no perseguir ninguna trama real, más que los eventos que se siguen al andar del personaje. Vemos su poca instrucción como médico, su aventura por las agencias de publicidad, su vida en el departamento de Santo Domingo, pero la escena que nos compete el día de hoy se da casi al final de la novela, el evento que marcaría una vez más la memoria de México y que hasta el día de hoy resuena con fuerza: La matanza de Tlatelolco.

Archivo histórico de la UNAM. Manuel Gutiérrez Paredes.

El capítulo XXIV es distinto al resto del libro, no solo porque está escrito como una obra de teatro, sino porque en medio de la escena que desata Palinuro al llegar a su edificio, no hay comentarios mordaces que vengan de su voz, o un hilo de ideas salidos del pensamiento constante en Estefanía -como ocurre en gran parte del libro. Es la muerte quien funciona de interlocutora entre lo que observamos y los detalles que se dejan ver de forma sutil y directa en la que cada uno de los personajes interactúan.

Palinuro, que llega golpeado y arrastrándose al pie de las escaleras, es observado por Estefanía, un médico, la muerte, Colombina y Scaramouche (quienes puede que no hayan estado ahí en lo absoluto), y alguien a quien se le refiere como Yo. Las escaleras se tornan en tres espacios en los que ocurren cosas completamente distintas; sobre Palinuro, el médico, Estefanía y Yo, Colombina y Scaramouche hablando desde las voces idealistas de los movimientos estudiantiles, los gozosos, los incansables; en medio, el médico y Yo, que desalientan a Palinuro con cada esfuerzo, que lo procuran ayudar pero cuestionando siempre las voces que sobre ellos hablan de una fiesta, del ideal que aguarda en los días consecuentes; debajo de todos, Palinuro, Estefanía y la muerte que parecen desconectarse de todos ellos en medio del transcurso entre cada escalón en los que Palinuro, se resiste a recibir ayuda.

Archivo histórico de la UNAM.

Mientras avanzamos, la realidad se difumina en personajes cada vez más extraños y ajenos a los vecinos del edificio, las conversaciones más pesadas, las referencias más claras. Las opiniones del doctor cada vez más rancias, el espíritu de Colombina y Scaramouche más irreal, la muerte de Palinuro rondando con más frecuencia.

“Oh, ¿y es contagioso, doctor? pregunta alguna vez Colombina.

¡Terriblemente! Hay que ponerlo en cuarentena, dice el doctor.

¿En su casa?.

En la cárcel… y después internarlo.

¿En un hospital?

¡En un colegio militar!

¡Oh, yo no sabía que usted era fascista!

Yo tampoco, pero la disciplina es la disciplina. ¿A dónde vamos a ir si seguimos así?”

En ese diálogo se puede reducir mucho del capítulo, la inquietud constante de una sociedad tolerante a la privación en nombre del orden; sociedad que vio hechos tan violentos y sofocantes como los del 68 o El Halconazo, y que recriminaba las manifestaciones estudiantiles y docentes al verlas como excusas para perder el tiempo, sin tomar ver bajo sus narices, las almas que se perdían en esa lucha secreta y desigual.

Archivo Histórico de la UNAM

Palinuro de México es una obra tan bella como incomoda. Las cosas que dentro de sus páginas aguardan, siempre bailan entre lo pícaro y grotesco, pero de cualquier forma, es una puerta abierta hacia la reflexión y comprensión del mundo que nos rodea; ya sea recurriendo a islas imaginarias —como lo son las agencias de publicidad— o viendo al final de las escaleras, a un Palinuro que se disputa entre la vida y la muerte mientras en el resto del edificio parece que no pasa nada. Viendo en un huracán desbordado de palabras e imágenes, el reflejo de un México tan extraño, bello y grotesco como la historia que aguarda en este libro.

Retrato de Fernando del Paso. Cortesía de Rogelio Cuéllar

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