Hamilton: El arte del pueblo, para el pueblo y por el pueblo

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Hamilton logró una apropiación histórica como pocas veces se ha visto. Dado que el teatro es concebido el teatro como un arte para las clases altas, integrada en su mayoría por personas de raza blanca, que uno de los musicales más exitosos en los últimos años sea una puesta en escena interpretada por descendencia latina, africana y asiática, resulta un hito.

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Hamilton: El arte del pueblo, para el pueblo y por el pueblo

8M 2022 - Día Internacional de la mujer

Apropiación histórica: El arte del pueblo, para el pueblo y por el pueblo

El arte se ha convertido en un privilegio al que cada vez menos personas tienen acceso. Desde la entrada a una galería hasta la compra de un libro, no todas las personas cuentan con la oportunidad de consumir las mismas obras artísticas. Para una gran mayoría, el arte es una opción menos frecuente en su agenda, ya sea para fines culturales, académicos o de entretenimiento. La visita al cine, por ejemplo, ha llegado a representar un lujo ocasional, por lo que asistir a una obra de teatro en Broadway es más que un sueño imposible.

Sin exagerar, el costo por boleto para una puesta en escena en el Richard Rodgers Theatre logra promediar los 60 y 399 USD, entre 1196 y 7958 MNX ; lo que convierte a Broadway en uno de los mercados artísticos más caros del mundo. Por supuesto, la capital del teatro es reconocida por su talento y calidad de producción, contando entre sus más recientes éxitos con una obra sumamente aclamada como Hamilton. Escrita, dirigida y protagonizada por Lin-Manuel Miranda, este musical se convirtió muy pronto en un fenómeno dentro de la cartelera. La vida del, hasta entonces poco conocido, padre fundador de los Estados Unidos, Alexander Hamilton, generó una gran demanda del público, además de revivir, de algún modo, el interés por este arte históricamente elitista.

Hamilton
Fotografía del musical

Ningún héroe, o heroína, ha estado exento del error, del dolor o la violencia. La historia, pues, no es inmaculada, ni tampoco estática.

Pronto, el musical se volvió uno de los más cotizados. Lo que hizo de esta obra un privilegio al que no todas las personas podían tener acceso. Sin embargo, Lin-Manuel deseaba llevar esta puesta en escena a la mayor cantidad de gente, por lo que promovió la rifa de boletos “Un Hamilton por un Hamilton”, en la que se podía participar comprando un número al precio de 10 dólares (billete donde aparece la cara del mismo Alexander Hamilton). No obstante, esto no parecía suficiente, lo que motivó al reconocido actor a firmar una colaboración con Disney, que incluía la grabación del musical, además de un acuerdo para formar parte del catálogo de la plataforma de la misma compañía.

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Fotografía del musical

De ese modo, en 2020, llegó Hamilton al servicio de Disney+, donde obtuvo un éxito tan grande como el conseguido en Broadway. Si bien la subscripción a la plataforma continúa siendo un privilegio, resulta, sin duda, más accesible que visitar el Richard Rodgers, lo que posibilita a millones de usuarios disfrutar de la vida de Alexander. La historia del padre fundador que, por su estilo narrativo, resulta en una amplia reflexión, incluso crítica a la sociedad estadounidense. Como es evidente, la mayor novedad de la obra posiblemente sea su elenco, conformado por actores afroamericanos. Una decisión inicial que, muy pronto, nos advierte la intención del musical, el cual no busca retratar con literalidad la historia, sino apropiarse de ella.


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Cuando repasamos la historia, incluida la mexicana, resulta difícil empatizar con los hombres blancos cis-género que narran los libros. Representar a personajes históricos con características más diversas, por tanto, permite un acercamiento más efectivo. Una reinterpretación que se traduce en un tipo de apropiación cultural que procura remendar un vínculo tan volátil como lo es el de la comunidad afroamericana con el gobierno de los EEUU. Por supuesto, la reflexión no sólo permanece en el plano actoral sino también en el guion, de donde se desprenden importantes observaciones sobre la sociedad moderna.

Hamilton
Fotografía del musical

En este sentido, Hamilton se convierte en una ventana donde no solo pasado es observado por el presente, sino también a la inversa. Aunque se ha logrado avanzar en temas de migración y género, la obra logra retratar la deuda histórica que se mantiene con la población migrante, así como la lucha por la equidad. Para ello, quién mejor que el propio Hamilton, originario de la isla caribeña, San Cristóbal y Nieves, para alzar la voz por un sector tan vulnerable y discriminado, aunque igualmente fundamental como las personas migrantes. Sobre esto, en alguna de sus líneas, el musical no duda en afirmar que, son ellas, la gente migrante, quien hace el trabajo, refiriéndose al lugar que ocupan dentro de la fuerza productiva. “We get the job done”, rapea Alexander mientras la audiencia aplaude.

Una reinterpretación que se traduce en un tipo de apropiación cultural que procura remendar un vínculo tan volátil como lo es el de la comunidad afroamericana con el gobierno de los EEUU.

Asimismo, Anika Noni Rose, en el personaje de Angelica Schuyler, reclama a Jefferson no incluir a las mujeres dentro de la Declaración de Independencia de los EEUU, pidiendo sean incluidas en la secuela. No obstante, si en algo falla esta reapropiación histórica es en la representación femenina. Aunque el rol de las mujeres durante los siglos XVIII y XIX no lograba ser siempre protagónico y equitativo, una vez tomadas tantas libertades, se pudo reinterpretar el papel de las hermanas Schuyler: Angelica, Peggy y Eliza. Tanto Angelica como Eliza, esta última esposa de Hamilton, se desempeñan simplemente como intereses amorosos de Hamilton, con apenas un matiz de empoderamiento clásico. Eso último traducido en diálogos que reconocen la lucha feminista sin ser verdaderamente una representación de la misma.

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Fotografía del musical

Aún con ello, Hamilton logró una apropiación histórica como pocas veces se ha visto. Dado que el teatro es concebido el teatro como un arte para las clases altas, integrada en su mayoría por personas de raza blanca, que uno de los musicales más exitosos en los últimos años sea una puesta en escena interpretada por descendencia latina, africana y asiática, resulta un hito. El mensaje que comparte este musical, más allá de la libertad y justicia que sus personajes representan, es el de romper la idealización de la historia. Ningún héroe, o heroína, ha estado exento del error, del dolor o la violencia. La historia, pues, no es inmaculada, ni tampoco estática. En realidad, la historia, debe adaptarse para ser realmente, como alguna vez proclamó Lincoln, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.


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Adriana C. Espinosa

Adriana C. Espinosa

De nacionalidad mexicana, nació en la ciudad de Puebla en 1999. Estudiante en Derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Ha participado en talleres de minificción, cuento corto, acceso a las lengua maternas, entre otros. Colaboradora en el Seminario Internacional de la Red Internacional sobre Género, Migraciones y ODS de 2021. Coautora del libro cartonero Barquito de Papel en 2015, y de la antología académica Práctica de Vuelo en el Taller de Creación Literaria de la BUAP en 2019. En 2018, participó en el Festival Internacional de Poesía “Palabra en el Mundo”, y fue reconocida con el tercer lugar en el Premio Filosofía y Letras por su cuento A vuelta de rueda. Actualmente, se desempeña como becaria en el Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP.

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